Tras superar los últimos obstáculos políticos en Europa, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quedó habilitada para concretar la firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, un entendimiento que lleva un cuarto de siglo de negociaciones. La rúbrica, inicialmente prevista para el 20 de diciembre durante la cumbre del bloque sudamericano en Foz do Iguazú, se realizará finalmente el sábado 17 de enero en Asunción, Paraguay, luego de que Francia e Italia levantaran sus objeciones.
Von der Leyen definió la decisión del Consejo Europeo como un paso “histórico” y subrayó que el pacto crea un espacio económico compartido de unos 700 millones de personas. Según la jefa del Ejecutivo comunitario, Europa envía así una señal de determinación en materia de crecimiento, empleo y defensa de los intereses de consumidores y empresas del bloque.
El anuncio disparó una ola de reacciones políticas a ambos lados del Atlántico. Desde España, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, celebró el avance con un contundente “al fin” en redes sociales y destacó que, una vez firmado el tratado, las compañías españolas podrán acceder a nuevos mercados, incrementar sus exportaciones y generar más puestos de trabajo. Además, marcó distancia con la línea comercial de Estados Unidos al remarcar que no todo se dirime en aranceles y amenazas, sino también en la construcción de nuevos puentes económicos.
El canciller alemán, Friedrich Merz, calificó el acuerdo como un hito de la política comercial europea y una muestra de la capacidad de acción y soberanía estratégica de la UE. Sin embargo, admitió que el camino fue excesivamente prolongado y sintetizó que 25 años de conversaciones resultaron “demasiado tiempo” para llegar a la meta.
En Francia, en cambio, la luz verde al entendimiento profundizó la crisis política interna. La izquierda de Francia Insumisa presentó una moción de censura contra el gobierno de Emmanuel Macron, mientras que la ultraderecha de la Agrupación Nacional, liderada por Jordan Bardella, anunció medidas contra el presidente francés y contra Von der Leyen en Bruselas, en rechazo al pacto con el Mercosur.
En Sudamérica, el acuerdo fue recibido con entusiasmo. El presidente argentino, Javier Milei, lo definió como una buena noticia para la región. Su ministro de Economía, Luis Caputo, lo presentó como un “acuerdo histórico” que colocará a la Argentina en pie de igualdad frente a países que ya cuentan con preferencias arancelarias con Europa. Caputo destacó que el tratado aportará reglas claras, previsibilidad regulatoria y mayor transparencia, además de facilitar la inserción de las pymes en cadenas globales de valor.
Desde Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva habló de “un día histórico para el multilateralismo” y remarcó que, en un contexto de creciente proteccionismo, el entendimiento UE–Mercosur representa una apuesta por el comercio internacional como motor del crecimiento económico. El anfitrión de la firma, el presidente paraguayo Santiago Peña, afirmó que el acuerdo marca el inicio de una nueva etapa para la región, abre un mercado de más de 450 millones de consumidores, impulsa inversiones, transferencia de tecnología y otorga mayor seguridad jurídica al intercambio.
Cómo sigue el proceso de ratificación
Con el aval político del Consejo Europeo, el tratado ingresa en su fase decisiva. El 17 de enero, delegaciones de la UE viajarán a Asunción para estampar la firma junto a los representantes de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. A partir de allí, el proceso avanzará por dos carriles simultáneos: el tratamiento en el Parlamento Europeo y las ratificaciones internas en cada país del Mercosur, de acuerdo con sus constituciones.
La firma no implica una entrada en vigor automática. En la UE, la parte comercial del acuerdo —competencia exclusiva del bloque— requiere la aprobación por mayoría simple del Parlamento Europeo. Aunque Francia y otros países mantienen su rechazo, las proyecciones indican que los eurodiputados contrarios no alcanzarían para bloquear el texto.
Una vez completados los pasos europeos, el acuerdo podría empezar a aplicarse de manera provisional con aquellos países del Mercosur que ya lo hayan ratificado, incluso si el proceso no está concluido en todos los Estados parte. Fuentes comunitarias estiman que, si no aparecen nuevos frenos políticos o legislativos, la aplicación inicial podría darse hacia finales de 2026.
Para la entrada en vigor plena del acuerdo global —que incluye capítulos no comerciales— será imprescindible la ratificación de los parlamentos nacionales de los 27 Estados miembros de la UE. Ese tramo, más complejo, podría extenderse hasta fines de 2026 o incluso más allá.
El tratado es de carácter “mixto”: el capítulo comercial puede avanzar con la aprobación del Consejo y del Parlamento Europeo, pero los apartados relativos a medio ambiente, inversiones y propiedad intelectual requieren el visto bueno de cada país, ya que abarcan competencias estatales.
El alcance económico del mayor acuerdo comercial del mundo
En términos de magnitud, el acuerdo UE–Mercosur se perfila como el mayor pacto comercial a nivel global. Una vez implementado, abarcará a unos 722 millones de habitantes y un producto bruto conjunto estimado en 22 billones de dólares, según proyecciones citadas por fuentes europeas.
Datos del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Estados Unidos indican que el intercambio actual entre ambos bloques ronda los 88.000 millones de euros anuales en bienes y 34.000 millones de euros en servicios. Con la consolidación de la zona de libre comercio, esos flujos podrían representar cerca del 20% del PBI mundial.
El núcleo del entendimiento es la eliminación gradual de barreras arancelarias y la creación de un mercado con reglas de origen precisas, de modo que los beneficios se mantengan dentro de los dos bloques. El acuerdo prevé suprimir aranceles sobre alrededor del 90% del comercio bilateral, con plazos de desgravación más extensos que en otros tratados firmados por la UE.
Para el Mercosur, el principal impacto se concentrará en mayores exportaciones agroindustriales, energéticas y mineras. Para Europa, el objetivo es asegurar el suministro de alimentos, energía y minerales críticos, al tiempo que se facilita la entrada de su producción industrial en Sudamérica y se refuerza su posición global frente a Estados Unidos y China.
El texto también establece un marco regulatorio amplio que incluye servicios, propiedad intelectual, compras públicas, comercio sostenible, empresas estatales y mecanismos de solución de controversias, considerados clave para dotar de previsibilidad al vínculo a largo plazo. Estimaciones europeas calculan que la UE podría sumar alrededor de 10.000 millones de dólares anuales en exportaciones adicionales, mientras que las ventas totales de bienes y servicios entre ambos bloques crecerían en casi 60.000 millones de dólares.


