En una década, los viajes oficiales de senadores argentinos al exterior se desplomaron. Los registros de la Cámara alta muestran que en 2015 se realizaron 108 misiones internacionales con más de US$ 88.000 en viáticos, mientras que en 2025 apenas se concretaron 10 desplazamientos y el costo de esos movimientos ya no figura en los datos públicos.
El cambio no es menor: se trata de una caída del 90% en la cantidad de viajes, en un contexto en el que las autoridades del Congreso endurecieron los criterios para financiar pasajes y los propios legisladores comenzaron a evitar los traslados por el costo político que implican.
De las misiones frecuentes a la austeridad
En el Senado, los viajes al exterior suelen originarse en invitaciones para actuar como veedores en elecciones, asistir a congresos o participar de reuniones interparlamentarias. Cuando el legislador presenta esa invitación ante la Cámara, el periplo se transforma en misión oficial: el Parlamento puede cubrir pasajes y viáticos para que el representante asista en nombre del cuerpo. Si la institución organizadora asume todos los gastos, no hay erogación para el Congreso.
Sin embargo, en los últimos diez años la tendencia fue a la baja tanto en Diputados como en el Senado. Un punto de inflexión se produjo en 2018, bajo la gestión de Cambiemos, cuando se introdujeron restricciones formales. Ese año, la entonces presidenta del Senado, Gabriela Michetti, firmó la resolución 276 que impuso que los pasajes solo se emitieran en Economy Plus o similar, habilitando la clase Business únicamente para vuelos superiores a ocho horas. Además, se fijó un máximo de tres días de viáticos por viaje y se redujo en un 30% el valor diario de esos pagos para senadores, autoridades y personal en desplazamientos dentro y fuera del país.
El impacto fue inmediato: en 2017 se habían registrado 104 viajes; en 2018, la cifra descendió a 81. En 2019 continuó la baja hasta 68 misiones.
Pandemia, mala prensa y recorte de pasajes
La irrupción del Covid-19 profundizó la caída. En 2020, con las restricciones sanitarias y los vuelos limitados, el número de viajes se desplomó a seis. En 2021 apenas subió a ocho. Aunque luego se normalizó la circulación internacional, la cantidad de misiones nunca volvió a los niveles previos.
En 2022 se contabilizaron 40 viajes y en 2023, último año completo de la gestión de Alberto Fernández, la cifra trepó levemente a 44, con algunos desplazamientos grupales como la participación de siete senadores en el Congreso Parlamentario Latino Caribeño. En 2024 hubo ocho viajes y en 2025 el número se contrajo a 10.
Detrás de esa curva descendente, distintas fuentes señalan una combinación de factores. Una voz del Senado remarcó que en cada administración se fija el criterio sobre los pasajes y que no se trata de un derecho adquirido. Según esa fuente, en la gestión actual se resolvió restringir fuertemente la cobertura de pasajes por cuestiones de costos. Un especialista en temas legislativos coincidió en que en los últimos dos años prácticamente no se financiaron vuelos al exterior, a diferencia de lo que ocurría históricamente.
Asesores parlamentarios agregan otro elemento: muchos legisladores optaron por limitarse a sí mismos. El llamado “efecto escrache” y la mala imagen pública de los viajes oficiales, aun cuando sirvan para intercambiar información y nutrir el trabajo parlamentario, desincentivan la aceptación de invitaciones. A esto se suma que numerosas fundaciones y organismos internacionales redujeron sus presupuestos y ya no cubren todos los gastos de los invitados, lo que encarece la decisión individual de viajar cuando la Cámara no paga el pasaje.
Quiénes viajaron y a dónde en 2025
En 2025, solo siete senadores salieron del país en misión oficial, algunos de ellos en más de una ocasión. El peronista Guillermo Andrada, los macristas Martín Goerling y Victoria Huala, los también peronistas Eduardo “Wado” de Pedro y Oscar Parrilli, el radical Pablo Blanco y la neuquina Lucila Crexell, de la bancada federal, integran la lista.
La mayoría de los viajes tuvo una duración acotada: el más breve fue de un día, en el caso de Huala a Uruguay, y el resto no superó los cuatro días, como las participaciones de Parrilli y Goerling en la 151ª Asamblea de la Unión Interparlamentaria y encuentros vinculados.
La excepción fue Crexell, que pasó 11 días entre el Reino Unido y Suiza. Primero asistió a la London Metal Exchange Week 2025, un evento clave del mercado de metales, y luego enlazó esa actividad con la 151ª Asamblea de la Unión Interparlamentaria en territorio suizo.
El caso Crexell y los viajes previos
Crexell ya venía destacándose por su presencia en el exterior. En 2024, de los ocho viajes internacionales registrados por el Senado, la mitad correspondió a la neuquina, que viajó a Marruecos, Alemania y dos veces a Suiza. Los otros cuatro destinos de ese año se concentraron en la región: Paraguay, Brasil y Uruguay.
Su nombre había quedado en el centro de la escena política en 2024, cuando trascendió que el Gobierno le ofreció la embajada argentina ante la UNESCO en París. Desde el peronismo denunciaron que el cargo habría sido parte de una negociación por su voto a favor de la Ley Bases. Tras la polémica pública, la designación no avanzó.
Una práctica en retroceso
La combinación de restricciones administrativas, recortes presupuestarios, cuestionamientos sociales y cambios de prioridades políticas terminó por consolidar un escenario de fuerte reducción de viajes legislativos al exterior. Bajo el gobierno de Javier Milei, la llamada “austeridad” se tradujo en la virtual eliminación de la cobertura de pasajes por parte del Senado, lo que reconfiguró el mapa de misiones oficiales.
Así, una práctica que hace una década era habitual y numerosa se transformó en una actividad excepcional y cada vez más observada, en la que cada invitación supone no solo un cálculo económico, sino también un costo político a considerar.


