Viajar durante el próximo fin de semana largo de Semana Santa se ha vuelto un desafío mayor para el bolsillo de las familias argentinas. Un informe de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) calculó que una familia tipo necesita, en promedio, $1.176.100 para tomarse unas mini vacaciones, una cifra que equivale al 69% del salario promedio medido por el RIPTE.
El estudio, elaborado por el Instituto de Economía (INECO) de la UADE, advierte que, pese a que los ingresos subieron en el último año, no lograron seguir el ritmo de los aumentos en el rubro turístico. Como resultado, el poder de compra aplicado al turismo se redujo un 7% en comparación con abril de 2025, lo que vuelve más difícil para muchos hogares concretar una escapada en estas fechas.
“En términos nominales, todos los destinos presentan incrementos de costos frente a 2025, pero los salarios no acompañaron en la misma magnitud”, señala el informe. Esta brecha entre ingresos y gastos turísticos hace que viajar dentro del país sea hoy menos accesible que en el mismo período del año pasado.
Hospedaje, la gran brecha entre destinos
El relevamiento detectó una fuerte dispersión de precios entre los distintos destinos locales. El gasto en transporte, de acuerdo con el análisis, muestra variaciones moderadas entre ciudades, por lo que la principal fuente de diferencia en el presupuesto final está en las tarifas de alojamiento.
Es decir, lo que termina definiendo si un viaje se vuelve mucho más caro o relativamente accesible no es tanto cómo se llega sino dónde y cómo se duerme. Hoteles, cabañas y otros tipos de hospedaje son el componente que más explica la brecha entre una ciudad y otra.
Los destinos que ganan atractivo y los que se encarecen más
En la comparación interanual, algunos destinos lograron posicionarse como opciones relativamente más convenientes para Semana Santa. Según la UADE, Puerto Madryn, San Miguel de Tucumán, San Salvador de Jujuy y Corrientes (Capital) se volvieron más atractivos en relación con otras plazas turísticas del país, al no haber aumentado sus costos tanto como el promedio.
En el otro extremo, el informe identifica ciudades donde el gasto total para una familia creció con mayor fuerza. San Antonio de Areco encabeza la lista, con un incremento relativo de 8,69% respecto del año anterior. Le siguen Rosario, con una suba del 8,02%, y Tandil, con un aumento del 7,91% en su costo relativo.
Estas variaciones marcan un mapa turístico desigual, donde algunas localidades logran mantener cierto atractivo económico mientras otras se alejan del alcance de sectores medios que buscan una escapada corta.
Bariloche versus Gualeguaychú: la brecha en números
Uno de los contrastes más contundentes del estudio aparece al comparar dos destinos muy elegidos para fines de semana largos: Bariloche y Gualeguaychú. De acuerdo con los cálculos de la UADE, una familia tipo necesita un presupuesto más de tres veces superior para vacacionar en la ciudad patagónica respecto de la localidad entrerriana.
Para pasar el fin de semana largo en Bariloche, el gasto estimado asciende a $2.344.724, lo que representa el equivalente a 1,38 salarios promedio. En cambio, para viajar a Gualeguaychú el presupuesto requerido es de $777.402, o alrededor de 0,46 del salario medio medido por RIPTE.
Esta comparación ilustra con claridad cómo, dentro del mismo país y para el mismo período del año, la elección del destino puede multiplicar por más de tres el esfuerzo económico necesario para concretar la escapada.
Turismo local bajo presión
El diagnóstico de la UADE se suma a las advertencias del sector turístico sobre las dificultades para sostener y expandir la actividad. El encarecimiento relativo de los viajes internos frente a los ingresos de las familias limita la demanda y restringe el acceso al turismo a una porción menor de la población.
Con un fin de semana largo clave como el de Semana Santa y un escenario en el que los costos de hospedaje marcan la diferencia entre destinos, el turismo local enfrenta el desafío de no quedar reservado solo para quienes pueden destinar una parte cada vez mayor de su salario a unas pocas jornadas de descanso.


