Sabrina Carpenter, una de las figuras centrales del próximo Lollapalooza Argentina 2026, se convirtió en la nueva voz del pop juvenil enfrentada a Donald Trump. La cantante de 26 años salió públicamente a repudiar al gobierno del republicano luego de que la Casa Blanca utilizara uno de sus temas más populares en un video oficial que muestra detenciones violentas de inmigrantes.
El episodio estalló este miércoles 2 de diciembre, cuando las redes oficiales de la Casa Blanca difundieron un clip protagonizado por agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE). En las imágenes se ve a funcionarios deteniendo a personas sin papeles, colocándoles esposas y recurriendo a la fuerza en distintos operativos.
Mientras se suceden las escenas de arrestos, de fondo suena Juno, la canción que Carpenter suele convertir en un momento clave de sus conciertos. En vivo, la artista utiliza ese tema para una dinámica lúdica con el público: elige a un fan, lo «arresta» por ser «demasiado sexy» y le entrega unas esposas rosadas como recuerdo. De ese juego ya participaron figuras como Anne Hathaway, Salma Hayek y Dakota Fanning, en un guiño cargado de humor y coqueteo.
El gobierno de Trump, sin embargo, resignificó por completo el uso del tema. En el video compartido por la Casa Blanca se recorta el fragmento más viral de Juno, en el que la cantante pregunta con picardía por distintas posiciones sexuales: «¿Alguna vez probaste esta?». Esa línea, pensada originalmente como insinuación sensual en el contexto del show, es usada en el montaje para ilustrar las distintas formas en que ICE puede detener a inmigrantes que se encuentran sin autorización en territorio estadounidense.
La apropiación de su música con fines políticos y represivos desató la furia de Carpenter, que no tardó en reaccionar. A través de sus redes sociales, la artista repudió el video y se desmarcó por completo de la narrativa oficialista. «Este video es malvado y repugnante. Nunca me metas ni a mí ni a mi música para beneficiar tu agenda inhumana», escribió en un mensaje contundente, en inglés, dirigido al gobierno de Trump.
La declaración, breve pero categórica, rápidamente se viralizó entre sus seguidores y se sumó a la ola de críticas contra la Casa Blanca por el uso de productos culturales con fines propagandísticos. El rechazo de Carpenter se inscribe además en un clima ya cargado entre el universo del pop y la administración republicana.
Hasta el momento, Trump no respondió directamente a la cantante, algo llamativo si se tiene en cuenta su historial de cruces públicos con celebridades y opositores. El expresidente suele contestar con dureza a quienes lo cuestionan, por lo que en el entorno político estadounidense no descartan que en los próximos días, o cuando se presente la ocasión, apunte también contra Carpenter.
Un patrón de choques con el pop
Lo ocurrido con Sabrina Carpenter no es un caso aislado. La Casa Blanca ya había recurrido antes a canciones de artistas abiertamente críticos de Trump para reforzar su discurso sobre inmigración y seguridad fronteriza.
Meses atrás, el gobierno utilizó un tema de Olivia Rodrigo en un video de características similares: imágenes de operativos migratorios acompañadas por uno de sus éxitos. La joven estrella reaccionó con firmeza, denunció que su música estaba siendo empleada para difundir una «propaganda racista y llena de odio» y presionó a su discográfica para que gestionara la eliminación de la canción del montaje oficial.
La presión surtió efecto y el tema fue retirado del video, marcando un antecedente de resistencia desde la industria musical frente al uso político de sus obras sin consentimiento o en contextos contrarios a sus valores.
Otro caso involucró a Taylor Swift, una de las artistas más influyentes del pop mundial y conocida por sus críticas a Trump. En esa oportunidad, la Casa Blanca eligió The Fate of Ophelia, una canción de su último disco, para musicalizar un video de tono celebratorio sobre la figura del presidente. A diferencia de lo ocurrido con Carpenter y Rodrigo, el montaje no mostraba escenas de intimidación o violencia, sino un homenaje al líder republicano.
Swift, que en otras ocasiones se había manifestado abiertamente en contra de Trump, optó por no pronunciarse sobre el uso de su tema. Ese silencio le valió cuestionamientos de parte de sectores que esperaban una condena explícita similar a la de sus colegas.
Con el nuevo episodio protagonizado por Sabrina Carpenter, se refuerza una línea de conflicto recurrente entre la cultura pop y el trumpismo. Para muchas de estas artistas, la defensa de los derechos de los inmigrantes y el rechazo a los discursos de odio forman parte de su identidad pública. Del otro lado, el gobierno republicano insiste en apropiarse del poder simbólico de sus canciones para reforzar un mensaje de mano dura en materia migratoria.
El choque entre ambas lógicas vuelve a quedar expuesto: mientras Carpenter prepara su desembarco en el Lollapalooza Argentina 2026, su música ya se convirtió en un nuevo campo de disputa política en Estados Unidos.


