El rapero Ye, antes conocido como Kanye West, tiene prohibido ingresar al Reino Unido y su actuación prevista en el festival Wireless de Londres quedó definitivamente cancelada. La decisión del gobierno británico, basada en los antecedentes de declaraciones antisemitas del artista, derivó en la suspensión total del evento, que iba a extenderse durante tres días en Finsbury Park.
Según informó la BBC citando al Ministerio del Interior, la autorización de viaje de Ye fue bloqueada bajo el criterio de que su presencia en el país no sería “conducente al bien público”. El músico, de 48 años, era la principal atracción del festival, donde se esperaba que actuara entre el 10 y el 12 de julio ante unas 150.000 personas.
La controversia en torno a su participación se intensificó en las últimas semanas, luego de que un alto miembro del gobierno británico declarara que Ye “absolutamente no” debía subir al escenario de Wireless. Paralelamente, los organizadores del evento enfrentaban una creciente presión de patrocinadores y dirigentes políticos para retirar al rapero del cartel.
Las críticas se apoyan en la larga lista de episodios antisemitas protagonizados por Ye, entre ellos elogios públicos a Adolf Hitler y expresiones de admiración hacia el dictador nazi. El año pasado, el artista lanzó una canción titulada “Heil Hitler” y promocionó en su sitio web la venta de una camiseta con una esvástica, acciones que generaron un rechazo prácticamente unánime.
Frente al repudio generalizado, Ye publicó en enero una disculpa a través de una carta difundida como anuncio de página completa en el diario The Wall Street Journal. En ese texto atribuyó sus actos a su trastorno bipolar, al que vinculó con “un episodio maníaco de cuatro meses de comportamiento psicótico, paranoico e impulsivo” que, según afirmó, “destruyó” su vida. Pese a ese gesto, sus intentos de recomponer su imagen pública no lograron revertir el clima adverso en el Reino Unido.
La polémica también golpeó el costado comercial del festival. Marcas de peso como Pepsi, Rockstar Energy y Diageo se retiraron de Wireless tras conocerse que Ye sería el cabeza de cartel. El líder laborista Keir Starmer calificó la decisión de contratarlo como “profundamente preocupante”, sumándose a las voces que reclamaban la cancelación de sus conciertos.
En medio de la escalada de cuestionamientos, Ye emitió un comunicado el martes en el que expresó su voluntad de dialogar con representantes de la comunidad judía británica. Aseguró que estaría “agradecido” por la oportunidad de reunirse en persona, subrayando que quiere “escuchar” y que es consciente de que las palabras no son suficientes, por lo que deberá “demostrar el cambio” mediante sus acciones. “Si están dispuestos, aquí estoy”, sostuvo.
Desde la Junta de Diputados de los Judíos Británicos, su presidente Phil Rosenberg respondió que la organización estaría dispuesta a encontrarse con el músico, pero condicionó ese acercamiento a que se retirara del festival. Señaló que la comunidad judía necesita ver “arrepentimiento y un cambio genuino” antes de considerar que el escenario principal de Wireless sea el lugar adecuado para poner a prueba la sinceridad de Ye.
Hasta último momento, la empresa organizadora Festival Republic había defendido la presencia del rapero. En un comunicado difundido el lunes, su director general, Melvin Benn, pidió al público ofrecer al artista “perdón y esperanza”. Argumentó que el festival no pretendía darle una plataforma para difundir ideas de ningún tipo, sino únicamente para interpretar canciones que ya se emiten en radios y plataformas de streaming del país, y que millones de personas escuchan y disfrutan.
Sin embargo, esa postura fue duramente cuestionada desde el gobierno. El secretario de Salud del Reino Unido, Wes Streeting, calificó de “absurdo” el comunicado de los organizadores y reiteró que Ye “absolutamente no” debía actuar en Wireless. La negativa del Ministerio del Interior a permitir la entrada del rapero terminó por sellar el destino del evento y forzó su cancelación total.
Un representante de Ye no respondió a las consultas de la prensa sobre la prohibición de ingreso al Reino Unido ni sobre la caída definitiva del festival. La medida, que combina argumentos de orden público con el rechazo a los mensajes antisemitas, convierte al caso en uno de los episodios más contundentes de exclusión de una figura de la música global por sus declaraciones de odio.


