La economía argentina enfrenta una nueva fase de incertidumbre y estancamiento. Tras la contundente derrota de Javier Milei en las elecciones de la provincia de Buenos Aires, donde La Libertad Avanza perdió por más de 13 puntos, el escenario económico se complica y las señales de una recesión prolongada se intensifican.
En el sector industrial, la sensación de parálisis es palpable. «Nadie vende nada», resume un referente de la industria nacional sobre la situación que atraviesan las fábricas y comercios. Las cadenas de pago están resentidas, aumentan los despidos y las suspensiones, y cada vez más empresas enfrentan cesación de pagos. La preocupación crece en los grupos de empresarios, que intercambian mensajes sobre cierres y dificultades para sostener la actividad.
El ambiente de espera e incertidumbre se ve agravado por las políticas implementadas por el equipo económico encabezado por Luis Caputo. Ante el temor a una nueva devaluación, el Gobierno optó por endurecer el ajuste monetario, elevando las tasas de interés y los encajes bancarios a niveles récord en las últimas tres décadas. Como resultado, el crédito prácticamente desapareció del sistema financiero. Un directivo bancario admitió que en un día solo se otorgó un préstamo personal en toda el Área Metropolitana de Buenos Aires, mientras que otras entidades reportan una situación similar: el financiamiento está prácticamente congelado.
El freno en el consumo también se siente en los supermercados, donde describen la situación como «la paz de los cementerios». No se registran grandes subas de precios tras el último salto del dólar, pero no por estabilidad, sino porque «no hay plata» en la calle y el consumo masivo sigue sin repuntar desde hace meses.
Las inversiones, uno de los motores clave para el crecimiento, también están en pausa. Incluso en sectores estratégicos como Vaca Muerta, los proyectos quedan relegados a la espera de un contexto más favorable. «Ahora vamos a entrar en un cono de sombras», adelantó el presidente de una empresa energética, quien aseguró que, con un riesgo país por encima de los 1.000 puntos, conseguir financiamiento externo será casi imposible. La expectativa, lamentó, es que se perderán al menos dos años más antes de que la actividad pueda reactivarse.
El impacto electoral cambió los cálculos de las empresas y los inversores. Según Tomás Rozemberg, CEO de Contexto Investments, mientras la tasa de interés y el tipo de cambio no muestren saltos bruscos, el Gobierno intentará sostener el actual plan económico hasta las próximas elecciones. Sin embargo, la reciente derrota en la provincia más importante del país llevó a que muchos empresarios posterguen decisiones hasta tener mayor claridad sobre el rumbo político y económico.
El test más inmediato, según el economista Emmanuel Álvarez Agis, llegará con la próxima licitación de deuda del Tesoro, que enfrenta vencimientos con el sector privado por 7,5 billones de pesos. El economista de PxQ advierte que el Gobierno probablemente intente transitar las semanas previas a la elección nacional vendiendo reservas, manteniendo tasas de interés elevadas y, si es necesario, aumentando aún más los encajes bancarios para garantizar la estabilidad fiscal. Además, circula el rumor de que se podría solicitar a Estados Unidos la activación de una línea especial para estabilizar monedas, lo que reflejaría la magnitud de la preocupación oficial.
En este contexto, la economía real siente el golpe de la parálisis. Sin nuevas inversiones, con consumo estancado y dificultades para acceder al crédito, la posibilidad de una recesión extendida ya no es un riesgo: para muchos actores del sector productivo, es una realidad que se profundiza con el correr de los días.


