Tras dos semanas de fuertes disputas internas, el peronismo bonaerense reconfiguró el poder en la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires. El resultado fue una nueva alianza entre La Cámpora, el massismo y los intendentes kirchneristas, que se tradujo en la designación de Alejandro Di Chiara como presidente del cuerpo.
Di Chiara, ex intendente de Monte Hermoso y figura vinculada al armado político que aún conserva el ex jefe de Gabinete bonaerense Martín Insaurralde, quedó al frente de una Cámara integrada por 92 legisladores y que administra un presupuesto superior a los $230.000 millones para 2026. La decisión cristaliza el regreso a una conducción fuertemente influenciada por los sectores que responden a Máximo Kirchner y al peronismo territorial, en detrimento del espacio del gobernador Axel Kicillof.
El reparto de los principales cargos dejó prácticamente afuera al Movimiento Derecho al Futuro (MDF), la estructura política que respalda al mandatario provincial. El único lugar relevante que obtuvo el kicillofismo fue la vicepresidencia cuarta, el último escalón de la mesa de conducción, que quedó en manos de Mariano Cascallares. El dirigente, que hasta ahora se desempeñaba como intendente de Almirante Brown, juró como diputado y fue incorporado a la conducción en una posición claramente secundaria frente al peso de los otros sectores.
La exclusión del núcleo duro de Kicillof no se limitó a la presidencia y las vicepresidencias. Tampoco logró colocar a representantes propios en el control del bloque más numeroso de la Cámara, Fuerza Patria. Ese espacio, clave por el manejo de recursos, asesores y estructura política, quedó bajo la jefatura de Facundo Tignanelli, dirigente de La Cámpora y uno de los principales operadores legislativos de Máximo Kirchner en la provincia.
En paralelo, la nueva correlación de fuerzas también reordenó los lugares de la oposición. La Libertad Avanza, que en alianza con el PRO se consolidó como segunda minoría, obtuvo la vicepresidencia tercera. Ese cargo fue para Juan Esteban Osaba, luego de una pulseada interna en la que el operador político del espacio, Sebastián Pareja, en coordinación con Karina Milei, intentó sin éxito imponer a Ramón "El Nene" Vera. Vera, histórico referente territorial del peronismo en la zona oeste reconvertido en legislador por la boleta liberal, finalmente quedó fuera de la línea de conducción del cuerpo.
El PRO, por su parte, también logró asegurarse un lugar en la mesa de autoridades. El partido propuso y consiguió que Agustín Forcheri, dirigente alineado con el ministro del Interior de la Nación, Diego Santilli, fuera designado como uno de los vicepresidentes. De este modo, el espacio amarillo retiene una cuota significativa de influencia en la Cámara, en sintonía con su sociedad parlamentaria con La Libertad Avanza.
El rediseño de la cúpula legislativa se concretó inmediatamente después de la asunción y jura de los 46 nuevos diputados elegidos en las elecciones del 7 de septiembre. Con la renovación parcial del cuerpo, los distintos sectores aprovecharon la instancia para reacomodar fuerzas y fijar posiciones de cara al próximo año parlamentario, en un escenario donde la relación entre el Ejecutivo provincial y parte de su propio espacio aparece fuertemente condicionada.
La disputa por la conducción de Diputados tiene además un trasfondo sensible: el manejo de un presupuesto millonario y de una estructura que, hace poco más de dos años, quedó bajo la lupa pública por el caso de Julio "Chocolate" Rigau. Aquel escándalo, basado en presuntas maniobras irregulares con fondos de la Legislatura, todavía proyecta sombras sobre el funcionamiento administrativo del cuerpo y vuelve especialmente codiciados los lugares de control interno.
En este contexto, la nueva presidencia de Di Chiara y el peso reforzado de La Cámpora, el massismo y los intendentes kirchneristas reordenan el mapa del poder peronista en la provincia. La gobernación de Axel Kicillof queda con una representación acotada en la Cámara y sin control directo ni de la presidencia ni del bloque mayoritario, un dato que anticipa debates ásperos en la negociación de leyes clave y en el uso de los recursos legislativos durante 2026.
Mientras se termina de completar el esquema de autoridades y comisiones, el reacomodamiento deja una señal clara: la Legislatura bonaerense vuelve a ser el escenario donde se dirime, más allá de los discursos públicos, la verdadera correlación de fuerzas dentro del peronismo provincial.


