El canciller Pablo Quirno dispuso la apertura de un sumario administrativo y el inmediato retorno a la Argentina de Alejandro Emanuel Calloni, hasta ahora funcionario de la Embajada argentina en Siria, tras la viralización de una captura de pantalla que lo vinculó con una reacción en redes sociales a un mensaje considerado hostil hacia Israel.
El episodio se originó en Instagram, donde se difundió un posteo de tono humorístico que simulaba un diálogo sobre los deseos de Navidad. En la publicación, una primera voz pedía como regalo un teléfono de última generación, mientras que la respuesta planteaba, a modo de contraste, “fuegos artificiales para Israel”. A esa pieza, que circuló en formato de video con texto superpuesto, se le atribuyó a Calloni un “me gusta”.
Usuarios de redes sociales detectaron la supuesta reacción del diplomático y comenzaron a compartir capturas en distintas plataformas, en particular en la red X, etiquetando las cuentas oficiales de Quirno, de la Cancillería y del presidente Javier Milei. Cuando se intentó corroborar más tarde la interacción en la publicación original, el “like” ya no aparecía visible.
La controversia estalló en un contexto de fuerte acercamiento del Gobierno argentino a Israel. Milei ha multiplicado las señales políticas hacia ese país y, en noviembre, anunció su intención de trasladar la embajada argentina en Israel a Jerusalén. En ese marco, el gesto atribuido a Calloni fue interpretado como incompatible con la línea que busca imprimir la Casa Rosada a la política exterior.
La respuesta oficial llegó entrada la noche argentina del martes, cuando en Siria ya despuntaba la madrugada. A través de su cuenta en X, Quirno comunicó que había instruido el inicio de acciones sumariales contra Calloni, a quien describió en tiempo pasado como integrante de la representación argentina en la República Árabe Siria. En el mismo mensaje informó que había ordenado su “traslado inmediato” de regreso a la República Argentina.
De acuerdo con la información disponible en el sitio web de la embajada en Damasco, Calloni se desempeñaba como secretario del embajador Sebastián Zavalla y estaba a cargo de la Sección Consular y Comercial. Su perfil en la red profesional LinkedIn reflejaba una trayectoria ligada al servicio exterior: consignaba que había ingresado como becario del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN) en 2020, que en 2022 fue promovido a cónsul de tercera clase y que en septiembre de ese año fue designado como cónsul en la sede diplomática en Siria.
El caso se suma a otro reciente episodio en el que Quirno intervino frente a expresiones de un diplomático en redes sociales. Semanas atrás, el canciller había cruzado públicamente a Héctor Rogelio Torres, exdirector por la Argentina ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) e integrante del Servicio Exterior de la Nación, luego de que éste cuestionara en X la compra de aviones F-16 por parte del Gobierno.
Torres había publicado dos mensajes en los que contrastaba la decisión de Dinamarca de reemplazar sus F-16 por aeronaves F-35 con la adquisición argentina de los cazas daneses. En esos textos se preguntó si la operación no implicaba comprar “chatarra” y sostuvo que mientras Dinamarca modernizaba su flota, la Argentina se emocionaba con la compra de los F-16, calificando la situación de “triste”.
Desde la Cancillería, también mediante X, Quirno le recordó entonces a Torres que en su biografía de la red social se presentaba como “miembro del Servicio Exterior de la Nación” y le señaló que, aun encontrándose en situación pasiva, debía comportarse conforme a esa condición o dejar de utilizarla como carta de presentación pública.
Tras el llamado de atención, Torres publicó un mensaje de rectificación dirigido al canciller. Allí sostuvo que en su comentario anterior había expresado un sentimiento personal, aclaró que no había buscado cuestionar la política exterior en curso y afirmó que aceptaba y acataba la reprimenda.
Con el sumario a Calloni y el antecedente del caso Torres, la conducción de la Cancillería refuerza la señal de que los funcionarios del servicio exterior, activos o pasivos, serán observados de cerca por sus intervenciones en redes sociales, especialmente cuando puedan interpretarse como contrarias a las definiciones diplomáticas del Gobierno nacional.


