En la antesala de una de las decisiones más esperadas por los mercados globales, Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), brindó su última intervención pública antes de que el organismo defina su postura sobre la tasa de interés. Sus declaraciones arrojaron pistas sobre el futuro de la política monetaria norteamericana y generaron movimientos inmediatos en los mercados financieros.
Powell sugirió que la Fed podría frenar en los próximos meses la reducción de su balance, una medida que impactaría en el nivel de liquidez disponible en la economía estadounidense. Durante su discurso, el titular de la autoridad monetaria explicó que el plan consiste en detener la disminución del balance cuando las reservas estén apenas por encima del nivel considerado adecuado para mantener «condiciones de reservas abundantes». Agregó, además, que ese momento podría llegar pronto y que el organismo está monitoreando diversos indicadores para tomar una decisión fundamentada.
El proceso de reducción del balance, conocido como «quantitative tightening» o ajuste cuantitativo, comenzó a mediados de 2022. Según Theo Head, analista de Sailing Inversiones, desde entonces la Fed ha achicado gradualmente el tamaño de su balance, que actualmente ronda los 6,6 billones de dólares, tras haber alcanzado casi 9 billones durante los estímulos aplicados en la pandemia de 2020. Esta estrategia implicó una retirada progresiva de liquidez del sistema financiero y una disminución de las reservas bancarias.
Sin embargo, las palabras de Powell abren la posibilidad a que esa etapa de ajuste toque su fin en breve. Felipe Barragán, analista de Pepperstone, destacó que el presidente de la Fed insinúa un cambio de rumbo: podría dejar de retirar liquidez del mercado, adoptando un sesgo algo más expansivo, aunque con la tradicional cautela del organismo.
Pablo Lazzati, CEO de Insider Finance, subrayó que la novedad más significativa para los inversores fue que Powell dejó abierta la puerta a finalizar el ajuste cuantitativo en los próximos meses y reiteró que las futuras decisiones sobre la tasa de interés seguirán dependiendo de los datos económicos. Tras las declaraciones, los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense retrocedieron, el dólar se debilitó levemente y las acciones en Wall Street se mantuvieron estables. Lazzati remarcó que, si bien no hubo anuncios disruptivos, la señal fue clara: la Fed no tiene prisa por modificar las tasas, pero tampoco descarta hacerlo pronto si los indicadores acompañan.
El contexto laboral fue otro de los focos de Powell. Aunque la tasa de desempleo se mantuvo baja en agosto, el crecimiento de las nóminas experimentó una desaceleración notable, atribuida en parte a una menor inmigración y participación en el mercado laboral. Para el titular de la Fed, esto implica que los riesgos a la baja para el empleo se han incrementado, lo que respalda las expectativas de un posible recorte de tasas a fin de mes.
Sobre este punto, Barragán remarcó que las decisiones de la Fed serán tomadas «reunión a reunión» y dependerán principalmente de cómo evolucionen los datos. En el horizonte cercano, el mercado mantiene intactas sus expectativas de un recorte de 25 puntos básicos en la reunión prevista para el 29 de octubre, con más del 96% de probabilidades según el monitoreo diario de FedWatch.
Powell también advirtió sobre los desafíos que enfrenta la economía estadounidense: la inflación continúa por encima del objetivo del 2%, con presiones provenientes, en parte, del encarecimiento de los bienes importados y la incertidumbre sobre el impacto de aranceles y tarifas comerciales. A esto se suma la preocupación por la falta de datos oficiales debido al cierre parcial del gobierno federal, aunque aclaró que la Fed sigue contando con información pública y privada relevante. No obstante, admitió que si el cierre se prolonga y faltan datos de octubre, la situación podría complicarse aún más.
En un escenario donde la inflación sigue elevada y el mercado laboral muestra signos de debilidad, Powell reconoció que la Fed enfrenta un dilema inusual para los bancos centrales. El organismo deberá equilibrar la necesidad de controlar los precios sin descuidar el empleo, mientras aguarda los próximos datos clave para definir el rumbo de la política monetaria estadounidense.


