El béisbol perdió a una de sus figuras más emblemáticas. El 21 de febrero de 2026 se confirmó la muerte de Bill Mazeroski, histórico segunda base de los Pittsburgh Pirates y protagonista del cuadrangular más célebre en la historia de la Serie Mundial. El ex pelotero, miembro del Salón de la Fama de Cooperstown, falleció el viernes 20 de febrero a los 89 años, según comunicó la propia franquicia de Pensilvania.
Conocido por todos como “Maz”, el infielder fue una presencia permanente en la organización de Pittsburgh durante casi toda su vida. En redes sociales, los Pirates lo despidieron como una leyenda del club y del béisbol, recordando que fue siete veces All-Star y, en palabras de la franquicia, autor del “mejor jonrón en la historia del deporte”.
De una casa sin electricidad al Olimpo del béisbol
La trayectoria de Mazeroski parece sacada de un relato clásico del deporte estadounidense. Hijo de una familia polaco-estadounidense, creció en Witch Hazel, Ohio, en una vivienda de una sola habitación, sin luz ni agua corriente. Su padre, un antiguo prospecto cuya carrera se frustró por un accidente minero, fue quien le enseñó los fundamentos del juego: utilizaba pelotas de tenis contra una pared de ladrillos para pulir los reflejos defensivos del niño que luego asombraría a las Grandes Ligas.
Mazeroski debutó en MLB con los Pittsburgh Pirates en 1956, cuando tenía apenas 19 años. En sus comienzos padeció con el bate, pero un cambio de posición resultó decisivo. A sugerencia del legendario ejecutivo Branch Rickey, dejó el campocorto y pasó a la segunda base, donde rápidamente comenzó a destacarse como un defensor excepcional.
Durante 17 temporadas consecutivas vistió solo la camiseta de los Pirates, encarnando la idea del jugador leal a una sola organización. Su irrupción consolidó la imagen de Pittsburgh como un equipo de raíces diversas: a los apellidos de origen alemán como el de Honus Wagner y al orgullo boricua de Roberto Clemente se sumó el linaje polaco de Mazeroski, contribuyendo a la identidad multicultural de los “Bucs”.
El estándar de oro en la segunda base
Aunque su nombre quedará para siempre asociado a un batazo histórico, la grandeza de Mazeroski se cimentó, sobre todo, en su guante. El propio Joe Morgan, otro miembro del Salón de la Fama, lo definió como “el estándar de oro de la defensa en el cuadro interior”. Las cifras respaldan esa valoración.
Las métricas modernas le asignan 27,6 WAR en la década del 60, la cifra más alta para un segunda base en ese período. Pero son sus registros defensivos los que parecen inalcanzables: acumuló 1.706 doble matanzas, récord absoluto para su posición en la MLB, y estableció la marca de 161 dobles matanzas en una sola temporada (1966).
Además, lideró la liga en doble plays en ocho campañas, encabezó la estadística de asistencias en nueve temporadas —más que cualquier otro intermedista en la historia— y superó las 100 doble matanzas en 11 años distintos, otro registro sin precedentes. Todo esto acompañado por ocho Guantes de Oro, obtenidos en una era de altísima competencia en la Liga Nacional.
El jonrón que detuvo el tiempo en Pittsburgh
El momento que lo inmortalizó llegó el 13 de octubre de 1960, en el séptimo juego de la Serie Mundial entre los Pirates y los poderosos New York Yankees. El marcador estaba igualado 9-9 en la parte baja de la novena entrada en Forbes Field, un estadio cargado de nerviosismo. Mazeroski, que no se caracterizaba por su fuerza al bate, se paró en la caja frente al lanzador Ralph Terry.
El batazo viajó por el jardín izquierdo y superó la barda ante la mirada incrédula del receptor Yogi Berra. A pesar de que los Yankees habían dominado en carreras anotadas a lo largo de la serie (55-27), esa conexión sentenció la victoria de Pittsburgh y el título de campeón. Fue el único jonrón de oro que ha decidido un Juego 7 de Serie Mundial con un walk-off en toda la historia.
En Pittsburgh, ese momento se transformó en un ritual colectivo. Cada 13 de octubre, aficionados se reúnen frente al último tramo que queda en pie del muro de Forbes Field para escuchar la transmisión radial original y revivir, a las 3:36 de la tarde, el instante exacto en que la pelota de “Maz” cruzó el muro.
Un caballero eterno para la Ciudad de Acero
Los Pirates retiraron el número 9 de Mazeroski en 1987 y en 2010 levantaron una estatua en su honor frente al PNC Park. El presidente de la franquicia, Bob Nutting, lo recordó como un hombre humilde y de enorme calidad humana, más allá de los trofeos y las jugadas espectaculares.
Incluso ya retirado, Mazeroski siguió vinculado al club y a la ciudad. En 2022, a los 85 años, se lo vio lanzar el primer pitcheo ceremonial en un partido entre Pittsburgh y los Yankees, un guiño inevitable a aquel duelo inolvidable de 1960.
Con su fallecimiento, el béisbol pierde a uno de sus últimos grandes caballeros. Pittsburgh despide a su leyenda, pero el eco de aquel jonrón decisivo seguirá sonando mientras haya un niño que, con un bate en las manos y una camiseta de los Pirates, sueñe con convertirse en el héroe de un séptimo juego de Serie Mundial.


