Tras lograr la aprobación del primer Presupuesto de la gestión de Javier Milei en sesiones extraordinarias, el Gobierno se prepara para un nuevo desafío legislativo: convertir en ley su proyecto de modernización laboral durante febrero, antes del inicio del período ordinario de sesiones del Congreso.
En la Casa Rosada consideran que el resultado del primer tramo de extraordinarias fue “positivo” y ahora buscan capitalizar ese impulso con una segunda victoria parlamentaria para el Presidente. La apuesta es que la reforma laboral sea aprobada con cambios, pero sin que el texto deba regresar al Senado, para cumplir con los plazos definidos por el oficialismo.
Un tridente político para negociar con la oposición
El Ejecutivo armó una mesa chica para encarar la negociación con los bloques opositores. Los protagonistas centrales son Diego Santilli, Martín Menem y Patricia Bullrich, quienes quedaron al frente del diálogo político en esta nueva etapa.
El ministro del Interior retomó las rondas con gobernadores y tiene previsto comenzar la agenda de verano con una visita al mandatario de San Luis, Claudio Poggi. El objetivo es garantizar que los mandatarios provinciales respalden a sus legisladores o, al menos, no se conviertan en un obstáculo para la reforma.
En paralelo, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, se concentrará en recomponer el vínculo con los aliados luego del último debate, en el que se aprobó el Presupuesto y se acordó con el peronismo la integración de la Auditoría General de la Nación, dejando al PRO fuera de ese reparto pese a que el oficialismo le había prometido un lugar en el organismo de control.
El dirigente riojano prevé intensificar las conversaciones desde mediados de enero y seguir de cerca el trabajo del Senado, donde se terminarán de pulir las modificaciones al proyecto. La estrategia es que, una vez aprobado en la Cámara alta, Diputados lo convierta en ley sin introducir nuevos cambios, evitando así que deba regresar al Senado.
Los votos que cuenta el oficialismo
En el Gobierno confían en que podrán reunir las voluntades necesarias en Diputados. A los apoyos habituales del PRO y de los bloques provinciales que han venido acompañando a La Libertad Avanza, aspiran a sumar a un sector de la UCR, que históricamente ha promovido reformas vinculadas al mundo sindical.
El antecedente inmediato que alienta esa expectativa es el Presupuesto, que en el Senado obtuvo 46 votos afirmativos, incluyendo parte del peronismo, y quedó a solo dos sufragios de alcanzar los dos tercios del cuerpo.
Bullrich, clave en el Senado y bajo presión de los aliados
La encargada de pilotear la negociación en la Cámara alta es Patricia Bullrich. La ex ministra de Seguridad, que ya logró conformar una mayoría de 42 senadores junto a los bloques aliados para darle dictamen al proyecto en comisión, ahora debe consolidar los respaldos necesarios para la media sanción en el recinto durante el segundo tramo de extraordinarias.
En el oficialismo admiten que el escenario será más complejo que en el debate presupuestario, aunque Bullrich confía en que puede alcanzar los votos para avanzar en febrero. Una de las cartas que podría jugar el Gobierno es la interna del peronismo, que ya mostró fisuras en la votación del Presupuesto, cuando acompañaron el texto legisladores como Guillermo Andrada (Catamarca), Sandra Mendoza (Tucumán) y Carolina Moisés (Jujuy), todos con vínculos políticos o tensiones propias en sus distritos.
Sin embargo, antes de explorar eventuales apoyos peronistas, Bullrich debe ordenar a los propios aliados. Tanto el PRO como sectores radicales reclaman cambios al proyecto enviado por la Casa Rosada. Señalan que incluye la derogación de normas que, a su entender, no guardan relación directa con la modernización laboral, como el estatuto del periodista y disposiciones que afectan el financiamiento del INCAA, entre otros puntos.
Un dictamen con disidencias y un peronismo ausente en comisiones
El texto de reforma laboral ya cuenta con dictamen de comisión en el Senado, aunque con objeciones planteadas por parte de la oposición que sí se sentó a discutir. El peronismo, en cambio, decidió no integrar las comisiones, en rechazo al esquema de reparto de lugares acordado por Bullrich con los bloques aliados, que consolidó una mayoría de 42 senadores.
Con el proyecto habilitado para ser debatido en el recinto en febrero, la tarea inmediata de la ministra será trabajar sobre los legisladores dialoguistas que aún se mantienen en duda. En el oficialismo esperan que, durante enero, se avance en la redacción de las modificaciones reclamadas por los socios parlamentarios para llegar a la sesión con un texto consensuado.
El Gobierno se juega así su segundo gran examen legislativo del año. Tras la foto de triunfo que dejó el Presupuesto, la reforma laboral aparece como la próxima prueba de fuego para medir la capacidad de La Libertad Avanza y sus aliados de sostener una mayoría operativa en el Congreso.


