El presidente Javier Milei encabezará este jueves 2 de abril el acto central por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, en un contexto de creciente malestar entre excombatientes y señales de desatención del reclamo de soberanía en la política exterior argentina.
La ceremonia se realizará a las 10 de la mañana en el cenotafio de la Plaza San Martín, en la Ciudad de Buenos Aires, donde se recuerda a los argentinos muertos en el conflicto bélico de 1982 contra el Reino Unido. El acto será transmitido por cadena nacional y contará con la presencia del jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, y sus gabinetes. La vicepresidenta Victoria Villarruel, sin embargo, no participará del homenaje.
Desde su llegada a la Casa Rosada, Milei se mostró presente en las conmemoraciones por Malvinas y reiteró que las islas volverán a estar bajo soberanía argentina por vías pacíficas y diplomáticas. No obstante, sus declaraciones han generado controversias, en particular cuando su discurso sugiere un reconocimiento de la autodeterminación de los habitantes del archipiélago, un principio que la Argentina rechaza en este caso.
En un acto del 2 de abril de 2025, el mandatario sostuvo que, en materia de soberanía sobre Malvinas, el factor decisivo sería que los isleños eligieran “con los pies” ser argentinos, planteando como objetivo convertir al país en una potencia tan atractiva que los habitantes del territorio disputado opten por vincularse a la Argentina sin necesidad de presiones ni mecanismos de disuasión. Esa visión contrasta con la posición histórica argentina, que no reconoce a los isleños como sujetos de autodeterminación frente a la disputa con el Reino Unido.
El nuevo aniversario de la guerra encuentra a Buenos Aires y Londres sin avances significativos en la relación bilateral en torno a Malvinas. Tras la salida de la excanciller Diana Mondino, no se registraron reuniones de alto nivel sobre el tema y los contactos se reducen a vínculos formales en áreas específicas. La cuestión de la soberanía continúa siendo un obstáculo central entre ambos países.
Mientras tanto, se aproxima un hito que podría agravar el conflicto: las empresas Rockhopper, del Reino Unido, y Navitas, de Israel, anunciaron que prevén iniciar en 2028 la explotación de petróleo en la zona de Malvinas. En el ámbito diplomático argentino se advierte que este desarrollo en torno a los hidrocarburos representa un golpe estratégico de gran magnitud, y algunas voces dentro de la Cancillería amenazan con renunciar si no se adoptan medidas más firmes.
A casi dos años del inicio de la gestión de Milei y tras el paso de tres cancilleres, Malvinas no aparece entre las prioridades del Gobierno. La baja intensidad de trabajo en la Secretaría de Malvinas y en la Dirección del Antártico —ambas dependencias del Ministerio de Relaciones Exteriores— es señalada como muestra de la escasa relevancia asignada al tema. Según fuentes diplomáticas, la actividad en esas áreas es prácticamente inexistente.
La actual secretaria de Malvinas, Paola Di Chiaro, y la embajadora Mariana Plaza habrían persuadido al canciller Pablo Quirno de no impulsar por el momento acciones multilaterales de peso y de mantener el reclamo argentino en los canales tradicionales, con un perfil bajo. Esta estrategia se sostiene mientras Brasil y Chile profundizan su cooperación estratégica y militar con el Reino Unido, en el marco de una política británica activa en el Atlántico Sur.
Otro frente estancado es el denominado PPH 3, la tercera etapa del plan de identificación de soldados argentinos sepultados en el cementerio de Darwin. Esa fase quedó en suspenso por decisión del lado argentino. Londres condiciona su continuidad a la reanudación del vuelo que unía San Pablo con la base de Mount Pleasant, con escala mensual en Córdoba, ruta que había sido interrumpida por el kirchnerismo y que tuvo una vida operativa breve.
Pese al alineamiento sin fisuras de Milei con Israel, no se registran gestiones concretas para que el gobierno de Tel Aviv ejerza presión sobre Navitas por su participación en el proyecto petrolero en Malvinas. Algo similar ocurre con la expectativa que el oficialismo dejó trascender respecto de Donald Trump: se llegó a sugerir que una cercanía política con el expresidente estadounidense podría favorecer la posición argentina sobre las islas, pero esa hipótesis no se materializó.
En los foros internacionales, la situación también se vuelve más compleja. El apoyo a la postura argentina en el Comité de Descolonización de la ONU ya no aparece garantizado en los términos de años anteriores. Incluso países que tradicionalmente acompañan a la Argentina por su perfil anticolonial, como Cuba, podrían revisar su respaldo, luego de que el gobierno de Milei votara en contra de levantar el embargo estadounidense sobre la isla caribeña.
En el plano interno, la política hacia Malvinas también genera fricciones. Desde 2024 no se convoca al Consejo Nacional de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas, tal como exige la Ley 27.558. La inactividad de ese órgano consultivo, que incluye a veteranos de la guerra, es motivo de fuerte malestar entre excombatientes, quienes reclaman ser escuchados en la definición de la estrategia nacional sobre el Atlántico Sur.
Así, el acto de este 2 de abril, con Milei al frente del homenaje en Plaza San Martín, se desarrollará en un escenario donde el reconocimiento a los caídos convive con cuestionamientos crecientes a la política exterior y a la falta de acciones concretas frente al avance británico y al inminente desarrollo petrolero en la zona de Malvinas.


