En un Chase Stadium sofocado por el calor y colmado por 21.556 espectadores, Lionel Messi volvió a reescribir la historia del fútbol. Inter Miami venció 3-1 a Vancouver Whitecaps y conquistó por primera vez la MLS Cup, el trofeo más importante del fútbol estadounidense, cumpliendo así una promesa que el rosarino les había hecho a los dueños del club, Jorge y José Mas, y a David Beckham.
El título no es uno más: representa el campeonato número 46 de la carrera profesional de Messi, cifra que lo consolida como el futbolista más ganador de todos los tiempos. A los 38 años, el capitán argentino sumó otro casillero a una trayectoria ya colosal y alcanzó uno de los pocos logros que aún le quedaban disponibles.
Su impacto en Inter Miami es difícil de dimensionar. Desde su llegada, en apenas dos temporadas y media, el equipo pasó de ocupar el último lugar de la liga a convertirse en campeón de la MLS. En el trayecto, el club sumó además la Leagues Cup 2023 y el Supporter’s Shield 2024, premio al mejor de la temporada regular. El crecimiento deportivo también alcanzó a Javier Mascherano, que logró su primer título como director técnico al frente del conjunto de Florida.
Las cifras de Messi en el club sostienen el relato: se transformó en el máximo goleador histórico de Inter Miami, con 77 tantos en 87 partidos. Solo en esta temporada firmó 35 goles en 33 encuentros, coronando su dominio con la consagración en la MLS Cup. A ello le sumó su faceta de generador de juego, extendiendo su registro como máximo asistidor de la historia del fútbol, con 406 pases-gol antes de la final y uno más en la jugada decisiva, para luego añadir otra asistencia en el cierre del partido.
El encuentro ante Vancouver comenzó a mostrar la influencia del argentino desde temprano, aun cuando parecía apenas participar. A los 9 minutos, tras una breve secuencia asociativa con su inseparable Rodrigo De Paul en la mitad de la cancha, se gestó la jugada del primer tanto. De Paul habilitó en profundidad al renacido Tadeo Allende, pieza clave de una delantera con fuerte sello argentino, completada por Baltasar Rodríguez y Mateo “Toto” Silvetti. El centro del ex Godoy Cruz terminó en gol en contra de Ocampo, para abrir el marcador.
Mientras tanto, otro protagonista con raíces albicelestes se hacía gigante bajo los tres palos: el arquero Rocco Ríos Novo. Nacido en Los Ángeles pero formado futbolísticamente en Lanús, el guardameta fue clave en el primer tiempo con una atajada espectacular, al estilo handball, achicando ante Sabbi cuando el delantero quedó solo en el área chica.
En la segunda parte, el desarrollo se dio vuelta. Vancouver asumió el control del juego y llevó peligro constante, pese a la discreta actuación del alemán Thomas Müller, histórico verdugo de Messi en otros escenarios, que esta vez se fue sin festejos en su primera temporada en la MLS. El empate llegó con un remate al primer palo de Ali Ahmed, y poco después Sabbi estremeció el estadio con un zurdazo que dio en los dos postes tras una jugada individual que recordó por momentos a las clásicas diagonales del propio Messi.
Cuando el partido parecía inclinarse hacia el lado canadiense, apareció el momento esperado del número 10. Messi, hasta entonces contenido por Andrés Cubas —volante surgido en Boca y nacionalizado paraguayo, con quien mantuvo un duelo intenso durante todo el encuentro—, le robó la pelota por detrás y habilitó al espacio a De Paul. El mediocampista definió como centrodelantero para poner el 2-1 y capitalizar una nueva asistencia del rosarino, la número 406 de su carrera profesional.
En el tiempo añadido, Messi todavía guardaba una última genialidad. A los 92 minutos, encaró por la banda derecha y, ya con el partido abierto, controló de pecho dentro del área para servirle el gol a Allende, que sentenció el 3-1 definitivo. Fue su asistencia número 407, la rúbrica ideal para una tarde que lo consagró definitivamente en el fútbol estadounidense.
El título de la MLS Cup llega en un contexto en el que incluso figuras como Luis Suárez han perdido protagonismo en la formación titular. El uruguayo, gran amigo de Messi, no ingresó en la final, una muestra de que el argentino prioriza el funcionamiento colectivo por encima de cualquier lazo personal.
En las tribunas, el clima también tuvo acento argentino. Cuatro grupos de hinchas divididos en distintos sectores del estadio sostuvieron un repertorio típico de las canchas del país sudamericano, acompañando cada intervención del capitán, que a los 38 años sigue corriendo, gambeteando y decidiendo partidos como en sus mejores épocas.
Con contrato renovado por al menos tres temporadas más, Messi ya puede decir que es campeón de la MLS. Inter Miami, fundado en 2018, levantó por primera vez la MLS Cup y cerró el círculo de una transformación deportiva que lleva la firma del número 10. El fútbol estadounidense, mientras tanto, asiste en primera fila a los últimos capítulos de una carrera irrepetible.


