Maxi Salas vuelve a quedar en el centro de la escena en River. Después de un 2025 en el que fue noticia tanto por su polémica salida de Racing como por su prometedor arranque en el club de Núñez, el delantero correntino terminó el año diluido en el rendimiento y relegado al banco de suplentes. Sin embargo, la lesión de Sebastián Driussi podría cambiar su panorama inmediato y ofrecerle una nueva oportunidad para recuperar su mejor versión.
El golpe que sufrió Driussi en el empate 0-0 ante Rosario Central abrió una vacante en el once inicial y Marcelo Gallardo ya tiene a su principal candidato para ocuparla: Salas. El atacante fue el elegido para disputar el segundo tiempo en Arroyito cuando el ex Zenit debió dejar la cancha, y también había sumado minutos en las dos fechas anteriores del campeonato.
Frente a Gimnasia, Salas ingresó nuevamente por Driussi, mientras que en el debut del torneo ante Barracas Central había reemplazado a Juan Fernando Quintero. Esa continuidad como primera opción de recambio lo posiciona ahora como el favorito del entrenador para ser el centrodelantero frente a Tigre, en un contexto en el que River arrastra una marcada sequía ofensiva.
Su actuación en Rosario, no obstante, dejó más interrogantes que certezas. El correntino dispuso de una sola chance clara: un remate de volea desde la puerta del área que terminó en las manos del arquero Jeremías Ledesma. Más allá de ese intento, le costó conectarse con el circuito de juego. La pelota casi no le llegó con claridad y, aunque mostró intensidad y voluntad para presionar, terminó chocando más de lo que pudo asociarse con sus compañeros.
Ese contraste resume su trayectoria reciente en Núñez. En sus primeros partidos, Salas había logrado contagiar al equipo con su energía, al punto de justificar las expectativas generadas por una incorporación compleja y costosa: River desembolsó 8.000.000 de euros netos para sacarlo de Racing. Pero con el correr de los meses, su influencia se fue apagando en paralelo a la anemia general del plantel. El delantero, que en un comienzo parecía revitalizar al equipo, terminó absorbido por la misma falta de frescura colectiva.
Los números son elocuentes: apenas cuatro goles en 21 encuentros oficiales con la camiseta de River. Su última conquista fue el 2 de octubre, justamente ante Racing, en la victoria 1-0 por la Copa Argentina en Rosario. Desde entonces, pasaron diez partidos sin que pudiera volver a convertir. En el club saben que, para que la inversión empiece a rendir frutos, necesita reencontrarse con esa versión inicial que insinuó en su llegada.
La discusión interna no pasa solo por su estado de forma, sino también por su ubicación en el campo. Gallardo insiste en utilizarlo como referencia de área, mientras que algunos en su entorno sostienen que el futbolista se siente más cómodo moviéndose por los costados, con mayor libertad para atacar espacios y encarar. El entrenador, sin embargo, fue claro al respaldar su decisión táctica.
“Salas es delantero. Nosotros no solemos jugar con un 9 de referencia y es el sistema con las características que tenemos para jugar”, explicó el Muñeco, ratificando su confianza en el ex Racing y extendiendo el respaldo al resto de los atacantes, pese a la falta de gol que arrastra el equipo. Ahora, la responsabilidad recae sobre el propio jugador, que deberá responder dentro de la cancha si quiere consolidarse como titular.
Mientras se define el nuevo rol de Salas, otra novedad sacude la semana de trabajo en el RiverCamp: la llegada de Kendry Páez. El ecuatoriano de 18 años, cuyo pase pertenece al Chelsea, viene de un préstamo en el Racing de Estrasburgo, donde disputó 21 partidos, sumó 718 minutos y marcó un gol. Aunque arriba con rodaje competitivo, el cuerpo técnico prefiere llevarlo de a poco y ya fijó una fecha tentativa para su estreno.
La idea es que Páez debute el 17 de este mes en el cruce ante Ciudad Bolívar por la Copa Argentina. Hasta entonces, aprovechará las jornadas de entrenamiento en Ezeiza para adaptarse al ritmo y las particularidades del fútbol argentino, un torneo más intenso y con menos espacios que las ligas europeas. En el club confían en que, una vez acomodado, podrá explotar su potencial.
El juvenil utilizará la camiseta número 19, el dorsal que dejó vacante Driussi al pasar a usar la 9. Gallardo deposita grandes expectativas en el ecuatoriano, a quien considera una pieza necesaria para completar el perfil ofensivo del plantel: un futbolista rápido, gambeteador y desequilibrante en el uno contra uno, capaz de abrir defensas cerradas.
Entre la necesidad de que Salas recupere su impacto inicial y la ilusión que genera la irrupción de Páez, River se juega parte de su futuro inmediato en la reconstrucción de su ataque. La lesión de Driussi, más que un problema, se presenta como una prueba para el correntino y una oportunidad para que el equipo encuentre nuevas respuestas ofensivas.


