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    Marina Giancaspro trae a la Argentina el revolucionario ‘Trío A’ de Yvonne Rainer: un hito en la historia de la danza

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    Este fin de semana, el Colón Fábrica —el singular espacio en La Boca donde reposan las escenografías y utilería del Teatro Colón— se transforma en escenario de una cita histórica para la danza contemporánea argentina. Allí se presentará por primera vez en el país Trío A, la influyente performance ideada por la estadounidense Yvonne Rainer en 1966, una obra clave en la evolución de la danza del siglo XX. La encargada de traer esta pieza a la Argentina es la reconocida bailarina y maestra Marina Giancaspro, quien además codirige la Compañía Nacional de Danza Contemporánea. El evento incluye, además, una conferencia para profundizar en el contexto y la relevancia de esta creación radical.

    Trío A nació en el efervescente clima artístico de la Nueva York de los años 60, donde bailarines, coreógrafos, artistas visuales y músicos se congregaban en la Judson Church, un templo protestante abierto a las expresiones más experimentales. Bajo la mirada entusiasta de su pastor, este espacio se convirtió en la cuna de la post-modern dance, una corriente que buscó desprender a la danza de toda connotación, narrativa o espectacularidad, enfocándose en la acción física pura y despojada.

    Lejos de las coreografías tradicionales, Trío A se compone de una secuencia breve de movimientos neutros, ejecutados sin pausas ni énfasis, donde la energía permanece uniforme y cada acción es un fin en sí mismo. Rainer, líder indiscutida del movimiento, plasmó sus ideas en el célebre Manifiesto del No, publicado en 1965. Allí rechazaba el virtuosismo, el espectáculo y la artificialidad, promoviendo una danza liberada de heroísmos, emociones y artificios. La performance, según la ensayista Sally Banes, convertía los movimientos más simples —como arrastrar un colchón— en objetos de observación, despojados de toda justificación o simbolismo.

    Las propuestas de la Judson Church muchas veces rozaban lo excéntrico: desde cuarenta personas caminando de un lado a otro del escenario, hasta un hombre afeitándose frente al público o incluso un escenario vacío, mientras una voz en off simulaba los anuncios de un vuelo comercial. La danza postmoderna, en vez de desafiar al ballet clásico, buscaba cuestionar la propia esencia de la danza moderna estadounidense, representada por figuras dramáticas como Martha Graham, y se inscribía en el espíritu contracultural y radical de los años sesenta.

    El impacto de la post-modern dance trascendió fronteras y décadas. En los años 80, Francia fue testigo de una nueva oleada de “no danza” o “danza conceptual”, que se expandió por Europa y el mundo. El festival Impulstanz de Viena, desde 1984, ha mostrado propuestas tan extremas como un hombre extrayéndose sangre en directo o una mujer trasladando maderas para construir estructuras efímeras. En la Argentina, el barrio de La Boca fue sede en 2021 de un festival que incluyó desde performances participativas —como el lavado colectivo de manos hasta disolver el jabón— hasta acciones urbanas, como cruzar el Riachuelo en barco ante la mirada del público.

    Los creadores de estas experiencias suelen definirse más como performers o directores que como bailarines, aunque su formación proviene casi siempre de la danza contemporánea. Incluso artistas de otras disciplinas, como el francés Xavier Le Roy —biólogo devenido performer—, han contribuido a expandir los límites del género. En su obra Producto de las circunstancias, Le Roy confronta ciencia y cuerpo a través de proyecciones sobre el cáncer de mama y breves episodios autobiográficos, creando una representación en la que los límites entre teoría y práctica se difuminan.

    La teoría, de hecho, ocupa un lugar central en la “no danza”: muchas veces, los discursos críticos e interpretativos sobre las obras adquieren tanto protagonismo como la performance en sí. Así, el legado de Yvonne Rainer y la post-modern dance continúa inspirando nuevas formas y preguntas sobre el arte del movimiento.

    Para quienes deseen conocer en vivo esta pieza fundacional, la cita es el 15 y 16 de noviembre a las 18 en Colón Fábrica (Av. Pedro de Mendoza 2163, La Boca), con entrada libre.

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