Lyl Tiempo, reconocida pianista y pedagoga argentina, ha dedicado su vida a la enseñanza musical y ha sido una figura central en la formación de varias generaciones de músicos. Entre sus más destacados alumnos se encuentra María Corina Machado, quien recientemente fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2025. La historia entre la maestra y su alumna es un testimonio de cómo la educación artística puede moldear no solo talentos musicales, sino también seres humanos excepcionales.
Tempo, hija de los pianistas Antonio De Raco y Elizabeth Westerkamp, ambos discípulos de Vincenzo Scaramuzza, representa la continuación de una tradición familiar marcada por la excelencia y el humanismo. Su influencia ha trascendido a sus propios hijos, Karin Lechner y Sergio Tiempo, y a sus nietos, quienes mantienen viva la herencia musical en escenarios internacionales.
Radicada en Europa desde hace décadas, Lyl Tiempo nunca cortó sus lazos con Argentina y sigue siendo un referente para jóvenes pianistas. Pero fue su paso por Venezuela, en los años setenta, el que marcaría a fuego su carrera y la de muchos niños prodigio. «En esa época, la musicalidad de los venezolanos era extraordinaria; la mayoría de mis alumnos siguió caminos artísticos notables», recuerda. Entre ellos se encontraba una niña con una mirada brillante y una curiosidad inusual: María Corina Machado.
Machado debutó en el piano a los cinco años bajo la guía de Tiempo, interpretando piezas de Mozart, Chaikovski y Clementi, y se presentó en público en importantes escenarios desde muy pequeña. «Más que sentirme orgullosa de haber enseñado a una futura Nobel de la Paz, me enorgullece haber formado parte de la vida de una persona verdaderamente excepcional», afirma la maestra, quien evita referirse a la ideología de su exalumna y prefiere destacar su integridad y sensibilidad.
La pedagogía de Lyl Tiempo se basa en la convicción de que la música es una herramienta fundamental para el desarrollo humano. Inspirada en el psicoanálisis infantil y en su propia experiencia desde los ocho años como docente, ha desarrollado un método personalizado que privilegia la concentración, la escucha y la progresión gradual. «Comienzo con clases de 10 minutos para los más pequeños, aumentando el tiempo según sus posibilidades, hasta lograr que, a los diez años, puedan ejecutar obras complejas como la Sonata Claro de Luna de Beethoven», explica.
Tiempo sostiene que todos los niños son capaces de aprender música, más allá de sus condiciones iniciales. «No existen los nulos musicales. Con paciencia y constancia, hasta el menos dotado puede progresar y enriquecerse con la experiencia musical», asegura.
La relación entre Tiempo y Machado trascendió lo musical. La maestra evoca a su alumna como una niña desafiante, inquisitiva y rigurosa, que jamás llegó mal preparada a una clase y se mostraba segura en cada presentación pública. «La intensidad y la fortaleza que hoy demuestra María Corina en su vida pública, ya se veían claramente en su infancia», rememora.
El impacto de la música en la vida de Machado, según Tiempo, fue decisivo para el desarrollo de su sensibilidad y su capacidad de enfrentar situaciones extremas, como la clandestinidad y el liderazgo político en un país en crisis. «Solo la música puede dar ese campo emocional que permite sostener las adversidades», afirma la docente, quien también destaca el apoyo incondicional que la familia de Machado brindó a su formación artística.
A sus 82 años, Lyl Tiempo sigue dando clases y defendiendo la importancia de la educación musical en la infancia. Lamenta, sin embargo, los cambios sociales introducidos por la tecnología: «Desde la llegada de los celulares, la capacidad de concentración de los niños ha decaído notablemente. La música, al menos en mi método, todavía puede ayudarlos a reencontrarse consigo mismos».
El último encuentro entre la maestra y su alumna fue ya en la adultez de Machado, en un concierto en Caracas, donde el afecto y la admiración mutua se hicieron evidentes. Hoy, por razones de seguridad, Tempo no mantiene contacto directo con Machado, pero se muestra convencida de que la huella de la música sigue acompañando a la Nobel venezolana: «Cuando has formado tu sensibilidad en la infancia a través de la música, surge una conexión con el yo interno que es absolutamente indestructible».


