El ministro de Economía, Luis Caputo, protagonizó una encendida defensa de la política cambiaria del Gobierno y lanzó duras críticas a los economistas que reclaman un salto en el valor del dólar. Durante una exposición en una de las principales bolsas de comercio del país, el funcionario rechazó de plano la idea de que la competitividad de la economía argentina dependa de una nueva devaluación.
Caputo cuestionó a los especialistas que sostienen que el tipo de cambio está atrasado y se usa como ancla para contener la inflación. Según el ministro, esa mirada repite una receta que fracasó en las últimas décadas. Recordó que en los últimos 25 años el país pasó de un dólar de 1 peso a uno de 1.400 pesos, y planteó que insistir con la devaluación como solución constituye, a su juicio, una propuesta vacía.
En ese marco, el titular del Palacio de Hacienda utilizó un lenguaje inusualmente crudo para referirse a quienes reclaman un ajuste cambiario, al tiempo que calificó de “patético” el argumento de que la única vía para ganar competitividad externa sea depreciar la moneda. También deslizó que algunos de esos planteos pueden responder a intereses sectoriales o a desconocimiento técnico, y acusó a esos economistas de “tomarle el pelo a la gente”.
Lejos de limitarse al frente cambiario, Caputo defendió el cuadro general de la economía y aseguró que el país se encuentra en una fase de expansión. Señaló que 12 de los 16 sectores que integran el Producto Bruto Interno muestran variaciones positivas y celebró lo que definió como avances impensados meses atrás. Entre los rubros que destacó se encuentran el consumo privado, las exportaciones y la producción agrícola, que, según remarcó, alcanzan marcas históricas.
En relación con el agro, el ministro ratificó la meta oficial de desarmar gradualmente los derechos de exportación. Afirmó que no hay dudas de que las retenciones irán a cero y sostuvo que el Gobierno ya demostró su compromiso con el campo. A su vez, ponderó la respuesta del sector cuando se le ofrecen incentivos adecuados, presentándolo como un motor clave para el crecimiento.
Durante la misma presentación, Caputo anunció además la cesión de la ruta nacional A012 a la provincia de Santa Fe, un corredor estratégico para la logística productiva de la región. Explicó que la Nación está traspasando esa traza y que se negocia con la CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe) financiamiento para nuevos proyectos vinculados al desarrollo portuario santafesino.
El gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, confirmó el traspaso a través de sus redes sociales y adelantó que la provincia asumirá la reparación de la A012, una demanda que, según describió, se arrastra desde hace años por el mal estado de la calzada y la falta de mantenimiento. Pullaro enmarcó la decisión en un proyecto productivo provincial y subrayó que la mejora de la ruta es clave para decenas de localidades y miles de usuarios que la utilizan a diario.
Mientras el Gobierno exhibe como logro el repunte del consumo privado, algunos analistas advierten que ese dato no necesariamente se traduce en una mejor calidad de vida. De acuerdo con cifras del INDEC, el consumo privado creció 8% en el último trimestre de 2025, el mayor registro desde 2017-2018. Ese comportamiento contrasta con los informes de consultoras que relevan el consumo masivo, donde se observa una caída. Un estudio de la firma Scentia, por ejemplo, estimó que las ventas en grandes cadenas de supermercados retrocedieron 5,9% interanual en febrero.
La preocupación del sector comercial fue transmitida directamente a Caputo en un encuentro con supermercadistas realizado esta semana. Sin embargo, desde el oficialismo se insiste en resaltar los números agregados: tanto el presidente Javier Milei como el viceministro de Economía, José Luis Daza, calificaron como “récord histórico” el nivel del consumo privado tras la difusión del PBI del cuarto trimestre por parte del organismo estadístico.
El economista Leonardo Anzalone, director del Centro de Estudios Políticos y Económicos (CEPEC), planteó que la variable “consumo” en las cuentas nacionales no mide bienestar sino gasto. Recordó que, en términos macroeconómicos, el consumo de los hogares abarca no solo la compra de alimentos o indumentaria, sino también erogaciones como alquileres, tarifas de servicios públicos, transporte, salud y educación.
Anzalone subrayó que muchos de esos desembolsos son ineludibles y que, cuando aumentan los precios de servicios básicos, el nivel de consumo puede subir aun cuando la población no mejore su situación material. En otras palabras, el crecimiento del consumo privado en las estadísticas puede reflejar, en parte, un mayor peso de los gastos obligados sobre los ingresos, más que un incremento real en la capacidad de compra o en el bienestar de los hogares.


