En una de sus exposiciones públicas más sinceras desde que asumió al frente del Ministerio de Economía, Luis Caputo reconoció que el Gobierno enfrenta dificultades en el sendero de recuperación y en el frente inflacionario. Sin embargo, aseguró que esos tropiezos no implicarán un cambio de estrategia.
El funcionario habló ante más de 700 personas en la Bolsa de Comercio de Rosario, donde por primera vez admitió abiertamente la preocupación oficial por el ritmo al que se está recomponiendo la actividad y por el cambio de tendencia en la evolución de los precios medidos por el Índice de Precios al Consumidor (IPC).
“Nos preocupa la velocidad de la recuperación”, señaló Caputo, al tiempo que sostuvo que la Argentina tiene capacidad para alcanzar tasas de crecimiento cercanas al 9% o 10% anual. En ese marco, adelantó que algunos indicadores de corto plazo podrían mostrar señales negativas, pero insistió en que eso no alterará el rumbo del programa económico.
Caputo mencionó en particular el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de febrero, que, según anticipó, podría reflejar una caída. También deslizó que la inflación del último mes habría resultado más elevada que la anterior, impulsada en parte por los aumentos en combustibles y en el sector educativo. Pese a ello, remarcó que el equipo económico mantendrá sus objetivos y que confía en alcanzar las metas trazadas.
Durante su presentación, el ministro también abordó uno de los temas más sensibles para el agro: las retenciones a las exportaciones. Aseguró que le gustaría eliminarlas de inmediato y llevarlas a cero, pero advirtió que, en las condiciones actuales, esa decisión generaría un desequilibrio fiscal que el Gobierno no está dispuesto a asumir.
Caputo explicó que, si se redujeran de manera abrupta los derechos de exportación, se abriría un bache en las cuentas públicas que obligaría a buscar financiamiento. “Si la Argentina vuelve a tener déficit, ¿cómo lo va a financiar?”, se preguntó, para luego responder que la alternativa sería recurrir a la emisión monetaria, algo que, ironizó, implicaría retroceder a políticas asociadas al kirchnerismo. Con esa sátira, dejó en claro que, aunque considera que una baja de impuestos al campo podría ser positiva en el mediano plazo, por ahora no está en el horizonte inmediato.
El tramo más controvertido de su discurso llegó cuando se refirió al debate sobre el tipo de cambio y las presiones para una nueva devaluación. Diversos economistas, de distintas corrientes, vienen señalando que el Gobierno mantiene el dólar oficial atrasado como herramienta para contener los precios internos. Desde el Palacio de Hacienda rechazan esa visión y sostienen que la política cambiaria es consistente con el plan de estabilización.
En Rosario, Caputo salió a confrontar de manera frontal con quienes reclaman un salto del tipo de cambio. Cuestionó la idea de que la competitividad de la economía deba lograrse mediante una devaluación y calificó de “patético” ese planteo. A su juicio, se trata de un “cuento” que se repite desde hace décadas y que no ha resuelto los problemas estructurales del país.
El ministro acusó a esos analistas de “tomarle el pelo a la gente” y se preguntó si lo hacen por intereses particulares o por desconocimiento técnico. Recordó que en los últimos 25 años el tipo de cambio pasó de 1 a 1.400 pesos y, pese a esa larga secuencia de devaluaciones, la economía argentina no consiguió estabilidad ni crecimiento sostenible. En ese contexto, cuestionó que la receta vuelva a ser, una vez más, depreciar la moneda.
Con gesto serio pero sin perder la sonrisa, Caputo llevó su defensa de la política cambiaria a un tono mucho más coloquial y cargado de enojo. Allí lanzó un exabrupto dirigido a quienes promueven una nueva devaluación, asegurando que les provocan una fuerte reacción personal y utilizando un lenguaje fuera de los cánones habituales para un ministro de Economía.
Las palabras pronunciadas en la Bolsa de Comercio de Rosario combinan, así, tres definiciones centrales del actual rumbo económico: la admisión de que la recuperación es más lenta de lo deseado y que la inflación puede mostrar repuntes; la ratificación del compromiso con el equilibrio fiscal, aun a costa de postergar la eliminación de retenciones; y una defensa vehemente de la estrategia cambiaria, con duras críticas hacia quienes proponen una corrección brusca del dólar oficial.


