Un creciente coro de economistas y organismos internacionales advierte que el marco regulatorio que rige hoy a las stablecoins en Estados Unidos, en particular la denominada Ley GENIUS, abre la puerta a riesgos significativos para los ahorristas y para la estabilidad financiera global, al tiempo que se entrecruza con intereses políticos vinculados a la familia de Donald Trump.
La Ley GENIUS estableció un esquema de concesiones para las empresas emisoras de stablecoins: quedan eximidas de un tratamiento regulatorio similar al de los bancos siempre que no paguen intereses sobre los saldos de sus clientes. Sin embargo, las plataformas cripto encontraron rápidamente la forma de bordear la norma, renombrando esos intereses como “recompensas”.
El economista de Brookings, Aaron Klein, advirtió que esa brecha normativa podría derivar en pérdidas para pequeños tenedores de criptomonedas, eventuales rescates a grandes compañías del sector o incluso en una crisis financiera. Según explicó, en períodos de fuerte expansión del mercado las plataformas cripto obtienen ganancias extraordinarias y pueden ofrecer retornos superiores a los de los bancos, incentivando a los usuarios a asumir riesgos crecientes. Cuanto más elevadas son las recompensas prometidas, más arriesgadas suelen ser las inversiones que las generan.
Klein subrayó que, a diferencia de las entidades bancarias, las exchanges cripto no están sometidas a límites estrictos, ni a una supervisión permanente, ni cuentan con el respaldo de un seguro federal de depósitos. Citando cifras del Departamento del Tesoro, alertó que, en un escenario extremo en el que los ahorristas abandonaran masivamente los bancos para perseguir mayores rendimientos en stablecoins, hasta 6 billones de dólares podrían fugarse del sistema bancario tradicional. Un retiro de depósitos de esa magnitud, remarcó, golpearía de lleno la capacidad de los bancos para otorgar crédito y podría hundir la economía.
El Fondo Monetario Internacional viene siguiendo de cerca el fenómeno. En un reciente informe, el economista Yao Zeng comparó a las stablecoins con fondos mutuos y ETF, pero sin las protecciones clásicas del sistema financiero, como el seguro de depósitos o el acceso directo a la liquidez de los bancos centrales. Recordó que en marzo de 2023, tras la quiebra de Silicon Valley Bank, la stablecoin USDC perdió momentáneamente su paridad con el dólar al quedar comprometido el acceso a sus reservas. Un año antes, el derrumbe de la stablecoin algorítmica Terra había provocado pérdidas generalizadas en el ecosistema cripto.
Zeng sostuvo que, cuanto más eficaces son las stablecoins para sostener un valor estable, más se asemejan a un banco, pero sin prestamista de última instancia ni cobertura de depósitos, lo que las vuelve vulnerables a corridas. Funcionan sin sobresaltos en tiempos de bonanza, advirtió, pero pueden tambalear ante episodios de estrés.
La Reserva Federal también se hizo eco de estas preocupaciones en un informe reciente, donde retomó el caso de Silicon Valley Bank como ejemplo de la velocidad con que pueden evaporarse los depósitos no asegurados cuando se quiebra la confianza. Según la Fed, una dinámica similar podría afectar a bancos que ofrezcan stablecoins en medio de turbulencias en los mercados cripto.
En el mismo reporte del FMI, la economista Hélène Rey señaló que estas tecnologías pueden aportar nuevas funcionalidades y facilitar una integración más profunda de los flujos de capital transfronterizos, pero advirtió que también podrían erosionar los ingresos públicos y recrear un escenario similar al del siglo XIX, con emisores privados compitiendo por el señoreaje. Ese regreso a un sistema de múltiples monedas privadas, sostuvo, fragmentaría y desestabilizaría el entramado financiero internacional.
El debate regulatorio se entrecruza con la política estadounidense. El economista Adam Posen señaló que el riesgo asociado al actual marco es “inaceptablemente alto”, en parte por la falta de transparencia supervisora en el universo cripto y en el crédito privado, y por los vínculos entre emisores y distribuidores de stablecoins y otros activos no regulados dentro de los mismos conglomerados. A esto se suman, indicó, los lazos políticos externos de familias de altos funcionarios de la administración Trump con empresas del sector.
El caso emblemático es World Liberty Financial, compañía cripto cofundada por los hijos de Donald Trump, que en 2025 lanzó USD1, una stablecoin atada al dólar. Para Posen, esa conexión alimenta la percepción de que, en caso de problemas, podría existir un rescate implícito, al estilo de las firmas consideradas “demasiado grandes para quebrar”.
Posen cuestionó también que la administración Trump y el Congreso frenen el desarrollo de una moneda digital de banco central (CBDC) en Estados Unidos, mientras intentan competir comercialmente con las CBDC de otros países a través de alternativas privadas. Esa estrategia, afirmó, minimiza los riesgos para la estabilidad financiera. Por ello, pidió derogar o reformar la Ley GENIUS para restringir la emisión de stablecoins a entidades financieras fuertemente supervisadas, ampliar el perímetro regulatorio sobre los emisores, dejar claro que no habrá rescates estatales por pérdidas en criptoactivos y limitar la operatoria de estas firmas con monedas altamente especulativas.
El otro gran elemento en juego es la estrecha relación entre las principales stablecoins y la deuda del Tesoro de Estados Unidos. Datos de la propia Fed muestran que USDT, la stablecoin de mayor uso global, respalda un 64,15% de su valor con bonos del Tesoro estadounidense, mientras que USDC lo hace en un 33,59%. Esa conexión las convierte en un engranaje relevante para el financiamiento del Estado norteamericano.
Stephen Miran, exasesor económico de Trump e integrante del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), sostuvo en un discurso en Nueva York que la expansión de las stablecoins ya estaría incrementando la demanda de deuda del Tesoro. Ese apetito adicional, aseguró, abarata el costo de endeudamiento del Gobierno y, en un escenario de adopción masiva, podría reducir las tasas de interés hasta en 0,4 puntos porcentuales.
Desde la industria cripto ven esta convergencia con optimismo. Santiago Bullrich, director de Marketing de Buenbit, recientemente adquirida por la plataforma europea Nexo, consideró que si crece el uso de stablecoins aumentará también la necesidad de respaldarlas con activos líquidos, seguros y de alta calidad, y que las Letras del Tesoro se perfilan como el instrumento natural para cumplir ese rol. A su juicio, el avance de las stablecoins podría convertirse en una fuente estructural de demanda para la deuda pública estadounidense de corto plazo, en un esquema que describe como beneficioso para ambas partes: Estados Unidos suma compradores para su deuda y el ecosistema cripto se apoya en lo que define como el activo más seguro del mundo.
No obstante, Bullrich admitió que a medida que el fenómeno gane escala aparecerán desafíos mayores. La intersección entre criptomonedas y política económica, remarcó, exige reglas claras, transparencia y una gestión de riesgos sólida para evitar efectos indeseados sobre el sistema financiero.


