«La farsa del cornudo apaleado»

«La farsa del cornudo apaleado» es una obra de teatro corta, que adaptó Alejandro Casona del Decameron de Boccacio. La misma cuenta la historia de un mercader muy rico, Micer Egano, su casi «fiel amigo», el intendente Anichino, y la mujer del mercader, Beatriz. Como su título lo indica, y resumiendo, Micer debe realizar un viaje de negocios. Ante la ausencia de éste, Anichino aprovecha para enamorar a Beatriz. Micer regresa antes de su viaje y descubre el engaño, pero su esposa manipula la situación de forma tal que es el mercader el que termina apaleado por el intendente.

Cuando Mauricio Macri ganó las elecciones en 2015, se apuró en aclarar que «CAMBIEMOS» no era una coalición de gobierno, sino una alianza electoral. De esta manera, les aclaró a sus socios (entre ellos, el radicalismo) cuáles serían las reglas del juego y el papel menor que les tocaría en el gobierno. Por lo tanto, desde el 10 de diciembre de 2015, ningún dirigente radical ocupó un cargo relevante (jefe de Gabinete, ministro del Interior, etcétera) en el gobierno, ni tuvo una silla asegurada en la mesa chica de la toma de decisiones. Muchas veces escuchamos a dirigentes radicales protestar porque se enteraban de las medidas de gobierno por los diarios.

En una nota aparecida recientemente en este diario, el Comité Lincoln del radicalismo esgrime una serie de argumentos falaces, atacando a organizaciones intermedias y a la oposición en general. Esgrime afirmaciones sin ningún tipo de fundamentos jurídicos, ni rigor histórico, pero nada dicen en esa nota de la cantidad de postulados que vienen transgrediendo en defensa del gobierno de Macri y por el mantenimiento de algunos puestos menores en los gobiernos nacional y provincial.

El radicalismo, modelo «Cambiemos», defiende que las fuerzas de seguridad no den la voz de alto antes de disparar e, inclusive, que disparen por la espalda.

Avalan que la justicia federal no respete las normas  del debido proceso.

Comparten que Argentina intervenga en los procesos internos de otros países, contradiciendo la histórica postura radical de no intervención.

Justifican los asesinatos de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel: crímenes de Estado.

Sostienen el brutal endeudamiento y el acuerdo con el FMI.

Votaron a favor de la reforma previsional, que significó la pérdida del 20% de los haberes jubilatorios.

Aprobaron leyes como el pago a los fondos buitres y el último presupuesto nacional con un recorte brutal en salud, educación, ciencia y tecnología, etc.

Bancaron la quita de pensiones por discapacidad.

Estuvieron de acuerdo con todos los tarifazos que pulverizaron los salarios y la rentabilidad de las Pymes.

Mantienen un silencio cómplice ante el cierre de escuelas, la atomización del Mercosur, la baja de edad de la imputabilidad para los menores, y podríamos seguir.

En Lincoln no es distinto. El intendente Salvador Serenal, sin ruborizarse, posa sonriendo con la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, promotora de la doctrina Chocobar (matar por la espalda), entre otras posturas violatorias de la Constitución Nacional.

Desarticulan programas sociales, como «ENVIÓN», que contenía a los pibes en conflicto con la ley penal.

No crearon el Concejo de Hábitat y Ciudad, votado por unanimidad por el Concejo Deliberante, que podría aportar a solucionar el gran déficit habitacional que tiene nuestra ciudad.

Aceptan mansamente todas las propuestas de la provincia y la nación, como la eliminación del fondo sojero o el pacto fiscal, que quitan recursos y autonomía a los Municipios.

En fin, muy lejos quedó el radicalismo de sus principios históricos, aquellas posturas que hablaban de un país republicano con igualdad, solidaridad y equitativa distribución de la riqueza. Un país que, como pregonaba Raúl Alfonsín, citando el preámbulo de la Constitución «…consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de libertad, para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino…».

Como en la farsa, el radicalismo sólo comparte los palos y recibe las migajas que Macri y Vidal dejan caer bajo la mesa.

Los procesos políticos son cíclicos y, más temprano que tarde, cuando un gobierno nacional, popular y democrático conduzca los destinos del país, ¿de qué se van a disfrazar, muchachos?

 Por Omar Venero.