La camiseta azul que Diego Armando Maradona vistió en el segundo tiempo del histórico Argentina-Inglaterra en México 86 se convirtió en un objeto de culto mundial: fue subastada por 9,3 millones de dólares a un comprador anónimo. Esa misma casaca, la del gol “con la mano de Dios” y del inolvidable eslalon de 60 metros, es el corazón simbólico de La casaca de Dios, la nueva película dirigida por Fernán Mirás, protagonizada por Jorge Marrale y Natalia Oreiro.
Lejos de un relato deportivo clásico, el film toma aquella reliquia del fútbol como disparador para construir una comedia dramática profundamente argentina, atravesada por la memoria, la vejez y la devoción popular por Maradona.
Un utilero obsesionado con la camiseta de Diego
Jorge Marrale encarna a Titi, histórico utilero de la Selección Argentina. En su recuerdo permanece intacta la imagen de aquel día de junio de 1986, cuando vio a Maradona intercambiar la camiseta azul con el mediocampista inglés Steve Hodge tras el partido. Desde entonces, Titi vive con una certeza inamovible: esa casaca debe volver al país.
Convencido de que mientras la camiseta permanezca en el exterior la Argentina no volverá a consagrarse campeona del mundo, su obsesión se mantiene intacta hasta 2022, año en el que transcurre la historia, en la previa del Mundial de Qatar. Titi cumple 80 años, vive dentro de un club de barrio donde además junta las pelotas que los chicos dejan en la cancha, y depende de su hija, interpretada por Natalia Oreiro, que no tiene espacio para alojarlo en su casa.
Con la mente ya algo confusa, el personaje de Marrale ni siquiera registra la muerte de Maradona: lo sigue buscando, lo llama por teléfono una y otra vez, convencido de que todavía puede hablar con él y pedirle ayuda para recuperar la prenda sagrada.
Un cumpleaños, viejos compañeros y un plan imposible
El punto de partida de la trama es el modesto festejo de los 80 de Titi en el club. A la celebración se acercan algunos exjugadores de la institución, viejos conocidos que vuelven a cruzarse en el mismo lugar donde alguna vez soñaron con triunfar. Entre ellos se destacan los personajes interpretados por Rafael Ferro y Lautaro Delgado, mientras que Damián Dreizik se pone en la piel del presidente del club, más interesado en demoler la tribuna de cemento para levantar edificios que en preservar la memoria futbolera del barrio.
De esa reunión surge la idea de cumplir el viejo deseo del utilero: repatriar la camiseta de Maradona que quedó en manos de un inglés. Lo que comienza como un gesto afectuoso hacia un hombre mayor se transforma en una misión tan descabellada como emotiva, que articula el tono de comedia con momentos de drama íntimo.
Fernán Mirás consolida su mirada detrás de cámara
Con La casaca de Dios, Fernán Mirás confirma su crecimiento como realizador tras el thriller El peso de la ley (2017) y la comedia Casi muerta (2023), también protagonizada por Oreiro. Nuevamente figura como coguionista, y el libreto lleva la impronta de Marcos Carnevale, especialmente en la construcción de diálogos ágiles, emotivos y de tono muy reconocible para el público local.
Mirás demuestra un manejo preciso del ritmo narrativo: regula con acierto los tiempos de actuación y los cortes de montaje, logrando una cadencia interna que sostiene la atención sin caer en golpes bajos ni en el chiste fácil. El film combina elementos de comedia —aunque sin apoyarse en el costumbrismo más obvio— con un drama que evita tanto el exceso lacrimógeno como la superficialidad.
Marrale y Oreiro, un dúo sólido en clave de comedia dramática
Marrale construye un Titi entrañable, vulnerable, obstinado y lleno de pequeñas manías, apoyado en diálogos que aprovechan su experiencia tanto en el humor como en la emoción contenida. Su trabajo sostiene el eje dramático de la película, mientras la trama avanza hacia una revelación íntima que explica en profundidad por qué ese hombre necesita recuperar “la casaca de Dios”. Ese giro argumental se reserva para la sala de cine.
Natalia Oreiro, en un rol lejos del lucimiento protagónico, se luce en la contención: interpreta a una hija de clase media, agobiada por las dificultades cotidianas y por el cuidado de un padre que empieza a perderse en sus recuerdos. Su capacidad para transitar con naturalidad entre el humor y el drama refuerza el tono híbrido del film y se integra a un elenco sin puntos flojos.
Una historia pequeña con mito gigante de fondo
Aunque el telón de fondo es uno de los partidos más recordados de la historia del fútbol y una camiseta por la que se pagaron 9,3 millones de dólares, La casaca de Dios elige contar una historia pequeña, de club de barrio, viejos jugadores olvidados y un utilero que se aferra a su fe futbolera como último refugio. La mística de Maradona aparece filtrada por la mirada de quienes vivieron ese momento desde la periferia, pero lo convirtieron en parte central de sus vidas.
Calificada como “muy buena” dentro de la cartelera, la película argentina de 95 minutos se exhibe en salas comerciales como Cinemark (Palermo, Abasto, Puerto Madero y Unicenter), Cinépolis (Houssay, Pilar y Avellaneda) y Showcase (Norcenter, Haedo y Quilmes. Una invitación a revisitar el mito maradoniano desde la butaca del cine, entre risas, nostalgia y una devoción bien argentina.


