La industria manufacturera de Estados Unidos profundizó su enfriamiento y registró en noviembre su mayor caída en cuatro meses, en un contexto de costos crecientes, inflación persistente y un clima de incertidumbre vinculado a la política comercial impulsada por Donald Trump. El deterioro del sector se conoce a días de una nueva reunión de la Reserva Federal (Fed), en la que el mercado descuenta un nuevo recorte de tasas de interés.
De acuerdo con el índice manufacturero del Instituto de Gestión de Suministros (ISM, por sus siglas en inglés), el indicador conocido como PMI bajó 0,5 puntos y se ubicó en 48,2. La cifra no solo marca una caída frente a octubre, sino que también quedó por debajo de las previsiones de los analistas, que esperaban un nivel de 49.
El umbral de 50 puntos es clave: por encima de ese valor se considera que la actividad está en fase de expansión; por debajo, en contracción. Con el dato de noviembre, el PMI manufacturero suma ya nueve meses consecutivos por debajo de ese límite, una racha que se remonta al informe difundido en marzo y que confirma el estancamiento del aparato productivo.
Inflación, costos y aranceles: la tormenta perfecta para las fábricas
El relevamiento del ISM expone un entramado industrial presionado por varios frentes. Por un lado, la inflación viene elevando los costos de producción, encareciendo insumos y reduciendo márgenes. Por otro, la política comercial de Trump, basada en la imposición de aranceles, agregó un factor adicional de incertidumbre para las empresas, tanto por el encarecimiento de materiales importados como por la respuesta de los socios comerciales.
Una de las señales más claras de este fenómeno es el comportamiento del subíndice de precios pagados por los materiales, que repuntó por primera vez en cinco meses. Según el informe, este componente se ubica hoy alrededor de 8 puntos por encima del nivel registrado un año atrás, reflejando una presión sostenida sobre los costos de la cadena productiva.
El deterioro también se refleja en el mercado laboral del sector. El componente de empleo del ISM descendió a 44 puntos, desde los 46 del mes previo, consolidando una fase contractiva en la contratación de personal. En paralelo, los nuevos pedidos se redujeron en noviembre al ritmo más acelerado desde julio, mientras que la cartera de pedidos pendientes sufrió la mayor caída en siete meses.
Once sectores en rojo y un crecimiento cada vez más débil
La debilidad del sector manufacturero se extiende a la mayoría de las ramas industriales. En noviembre, once industrias registraron contracción, con especial impacto en confección, productos de madera y papel, y textiles. Estos segmentos, sensibles a los costos de insumos y a las variaciones de la demanda interna y externa, se ubicaron entre los más golpeados.
Solo cuatro sectores mostraron crecimiento, entre ellos el de productos informáticos y electrónicos, tradicionalmente uno de los motores tecnológicos de la economía estadounidense. Sin embargo, incluso en este grupo el avance fue el más débil del último año, una señal de que la desaceleración se está generalizando más allá de los rubros históricamente más vulnerables.
La Fed, bajo presión: el mercado apuesta a otro recorte de tasas
El informe del ISM llega en la antesala de la reunión clave que mantendrá la cúpula de la Reserva Federal la próxima semana, en la que se definirá el próximo movimiento de la política monetaria. La herramienta FedWatch de CME Group, que releva las expectativas de Wall Street, asigna un 87% de probabilidad a que el organismo recorte la tasa de referencia en 25 puntos básicos, llevándola al rango de 3,5%–3,75%.
En los últimos meses, una serie de indicadores débiles —entre los que se destacan los datos de empleo y de actividad— encendieron las alarmas dentro de la Fed. Ese deterioro fue determinante para que el banco central decidiera bajar las tasas en septiembre y octubre, en un intento por amortiguar la desaceleración y sostener el crecimiento.
El nuevo traspié de la industria manufacturera refuerza la percepción de que la economía estadounidense atraviesa una fase de enfriamiento más profunda de lo previsto, en la que confluyen los efectos de la inflación, los aranceles y la incertidumbre global. Con el sector fabril encadenando nueve meses de contracción y los costos de producción en ascenso, el margen de maniobra de la Fed se vuelve aún más crucial para evitar que el enfriamiento derive en una recesión más amplia.


