Independiente dio un nuevo paso en su reconstrucción futbolística al derrotar 2-0 a Lanús en el estadio Libertadores de América-Ricardo Bochini. Sin brillar, el equipo de Gustavo Quinteros volvió a mostrarse firme, sumó tres puntos clave en el Torneo Apertura y alimenta la ilusión de pelear por un título en 2026.
En la previa, el propio Quinteros había elogiado la entrega de su plantel y deslizado que el grupo “merece coronar con algún torneo” por el esfuerzo que viene realizando. Sobre el césped de Avellaneda, el Rojo confirmó que, aunque todavía está lejos de desplegar un juego vistoso, sí exhibe rasgos cada vez más claros de solidez e identidad.
El contexto ayudó. Lanús, dirigido por Mauricio Pellegrino, venía de ser uno de los equipos más destacados de 2025, con la conquista de la Copa Sudamericana, pero llegó condicionado por su agenda: el próximo jueves afrontará la final de ida de la Recopa Sudamericana ante Flamengo y el cuerpo técnico decidió preservar piezas clave.
El entrenador granate optó por no arriesgar a Marcelino Moreno ni a Rodrigo Castillo, dos de sus figuras ofensivas. La ausencia del creativo y del goleador se hizo evidente: el conjunto visitante perdió peso en los últimos metros y nunca logró inquietar en serio al arco local.
Quinteros repitió su apuesta por el 4-3-3, con Ignacio Malcorra como interior por izquierda. Sin embargo, durante la primera parte el Rojo tuvo dificultades para generar juego asociado. Malcorra casi no logró conectarse con Matías Abaldo, de bajo rendimiento en esos 45 minutos iniciales, y tampoco funcionó el circuito entre Lautaro Millán y Santiago Montiel. Ante la falta de sociedades, el plan ofensivo se redujo por momentos a buscar a Gabriel Ávalos con centros frontales.
Recién sobre el cierre del primer tiempo aparecieron las primeras situaciones claras: Montiel estuvo cerca de sorprender con un remate cruzado al segundo palo y Ávalos desvió de cabeza un envío desde la izquierda. Más allá de esas aproximaciones, el trámite fue discreto.
Hay un recurso que se repite en este Independiente y que revela trabajo de laboratorio: los saques laterales largos de Leonardo Godoy. Esa jugada preparada se ha convertido en una de las armas más peligrosas del equipo. Al mismo tiempo, expone una deuda: el juego colectivo que se ensaya durante la semana aún no se ve reflejado con continuidad en los partidos.
El complemento parecía encaminarse por la misma senda, e incluso el panorama se ensombreció para el local con la lesión de Montiel, que pidió el cambio. El ingreso de Ignacio Pussetto, ubicado como extremo derecho, terminó siendo determinante para cambiar la cara del ataque.
De todos modos, el partido se destrabó por una falla defensiva de Lanús. Una jugada aislada, más propia de un error que de una construcción elaborada, abrió el marcador. Malcorra lanzó un pelotazo largo para Abaldo, que aprovechó una grave descoordinación entre Elías Guidara y José Canale. El uruguayo controló sobre el vértice izquierdo del área grande y definió con un derechazo cruzado al ángulo lejano, al mejor estilo de sus compatriotas Luis Suárez o Edinson Cavani.
Ese gol fue un golpe del que Lanús no se repuso. Pellegrino decidió entonces resguardar definitivamente a sus principales nombres pensando en Flamengo, retiró a los titulares y pobló la cancha de juveniles. El recambio no logró cambiar la historia: los pibes granates casi no generaron peligro.
En Independiente, una de las figuras fue Iván Marcone. El mediocampista central asumió el rol de conductor desde el círculo central, manejó los tiempos, fue el eje del equipo y participó en la gestación de las dos conquistas. En la primera acción importante, recuperó la pelota y habilitó a Malcorra en el inicio de la jugada que derivó en el tanto de Abaldo. En el segundo, fue parte del armado colectivo que terminó de sentenciar el partido.
El 2-0 llegó tras una combinación precisa. Marcone y Pussetto hilvanaron la maniobra, Millán se abrió por izquierda y colocó un centro medido al corazón del área chica. Allí apareció Ávalos, que ganó en las alturas y definió de cabeza sin darle opción al arquero. El delantero paraguayo, que venía de altibajos, parece recuperar su mejor versión y, de paso, potencia sus chances de meterse en la lista para el próximo Mundial. Para Quinteros, es una señal alentadora: su referente de área está encendido.
No todo fue perfecto para el Rojo. El cierre del encuentro dejó una nota negativa con la expulsión de Luciano Cabral, quien fue con excesiva vehemencia a una disputa y terminó dejando la plancha sobre Dylan Aquino. La roja directa ensució una noche que venía siendo ideal.
Con este resultado, Independiente acumula dos triunfos, tres empates y ninguna derrota en el Apertura. Los números respaldan el discurso del entrenador y explican por qué en Avellaneda, aun sin un juego deslumbrante, se permiten volver a soñar con pelear arriba.


