A un mes del inicio de la guerra que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, el impacto económico global ya dejó un mapa claro de ganadores y perdedores. El conflicto, desatado el 28 de febrero con ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, alteró el comercio internacional y los mercados energéticos, y reconfiguró las expectativas de los inversores en todo el mundo.
El epicentro económico de esta crisis es el estrecho de Ormuz, paso clave por el que, en tiempos de paz, circula alrededor del 20% del petróleo crudo y del gas natural licuado del planeta. El bloqueo casi total impuesto por Teherán a esta vía marítima elevó de forma abrupta los precios de la energía y disparó una ola de reacomodamientos en los mercados financieros.
Un petróleo que se encarece y petroleras en alza
La consecuencia más visible del bloqueo fue el salto del precio del crudo, que cerró el mes con una suba histórica del 64%, pese a una tregua en la última jornada que trajo algo de alivio y provocó una caída puntual en las cotizaciones. Ese retroceso final también se reflejó en Wall Street, donde los principales índices llegaron a subir hasta 3,8% apoyados en la esperanza de que el conflicto esté más cerca de una salida negociada.
Sin embargo, el balance mensual muestra que las grandes ganadoras son las compañías petroleras. De acuerdo con el economista José Torres, de Interactive Brokers, sus márgenes mejoraron porque el salto del petróleo no fue acompañado por un incremento similar en los costos de extracción, que se mantuvieron relativamente estables. Ese descalce entre precios de venta y costos operativos amplió la rentabilidad del sector.
Los inversores, explica Torres, se volcaron hacia las firmas mejor posicionadas para aprovechar un escenario de precios altos prolongados. La lectura dominante en los mercados es que el conflicto se extenderá en el tiempo, lo que mantendría el valor del crudo en niveles elevados durante uno o dos años. Esa expectativa sostiene el flujo de capital hacia el negocio energético, aun con episodios de correcciones puntuales.
Defensa: ganancias previas, golpe inmediato
En contraste, un sector que suele verse beneficiado por las guerras atraviesa una fase de debilidad en el corto plazo. Las empresas de defensa y fabricantes de armas venían de registrar fuertes ganancias desde comienzos de 2026, pero la escalada en Medio Oriente provocó caídas en sus acciones desde el inicio de la guerra.
La explicación no está en la falta de demanda, sino en las dificultades para responder a ella. Los largos plazos de producción y entrega generan un desfase entre los nuevos pedidos y la capacidad de abastecerlos. Según Sam Stovall, director de inversiones de CFRA, los inversores no perciben todavía un aumento tangible de la producción ni la llegada de nuevas tecnologías que justifiquen una revalorización inmediata.
El golpe bursátil es evidente: el grupo alemán Rheinmetall perdió 17% de su valor en un mes; Thales retrocedió 6,7% y RTX —antes Raytheon Technologies— cayó 6,4%. El mercado, al menos en esta primera etapa del conflicto, prioriza otros segmentos antes que la industria armamentística.
Aerolíneas: rutas alteradas, costos al alza y menos pasajeros
Entre los grandes perdedores se destacan las aerolíneas. La guerra obligó a cancelar vuelos y modificar rutas para evitar zonas de riesgo, lo que implicó mayores tiempos de viaje, más consumo de combustible y una logística más compleja y costosa.
El encarecimiento del combustible para aviones, impulsado por el salto del petróleo, comprimió aún más los márgenes de un sector que ya operaba con estructuras de costos ajustadas. A esto se suma un elemento clave: el deterioro de la confianza del consumidor.
Stovall advierte que los precios más altos en las estaciones de servicio y el encarecimiento de los viajes impactan en las decisiones de gasto de los hogares, especialmente de cara a las vacaciones de verano. Reservar vuelos se volvió más caro y muchos potenciales pasajeros empiezan a recortar planes.
El resultado se ve en las cotizaciones: Lufthansa se desplomó 19% en un mes; International Airlines Group (IAG), matriz de British Airways e Iberia, retrocedió 15,9%, y la low cost Ryanair perdió 10,2%. El sector aéreo aparece así como uno de los más castigados por la combinación de guerra, encarecimiento energético y menor demanda.
Bancos bajo presión por la incertidumbre global
El sistema financiero tampoco quedó al margen. La escalada bélica incrementó la incertidumbre sobre el crecimiento global, mientras que el aumento del costo de la energía se filtró a toda la economía. En este contexto, algunos países comenzaron a recortar tasas de interés pese a la suba del petróleo, una señal de preocupación por una posible desaceleración.
Torres señala que los temores a un enfriamiento de la actividad se intensifican, y que los inversores analizan con más cuidado el efecto combinado de precios del crudo más altos y cambios en las políticas monetarias sobre empresas y consumidores.
Un foco adicional de alerta es el aumento reciente de los préstamos privados a compañías, que podría traducirse en mayores tasas de morosidad si el escenario económico se deteriora. Ese riesgo se trasladó a las valuaciones bancarias.
Las acciones de HSBC cayeron 13,9% en un mes, mientras que los gigantes estadounidenses JP Morgan Chase, Goldman Sachs y Bank of America también registraron bajas, a medida que el mercado descuenta un período de menor dinamismo crediticio y un incremento del riesgo de impago.
A un mes del inicio de la guerra, el nuevo mapa financiero global muestra un patrón nítido: energía en ascenso, transporte aéreo y banca en retroceso, y un clima general dominado por la incertidumbre sobre cuánto durará el conflicto y cuán profundo será su impacto en la economía mundial.


