El Senado de la Nación aprobó y transformó en ley la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei, en una votación que terminó 42 a 28, con 2 abstenciones. El resultado representa un respaldo clave para la Casa Rosada, que buscaba llegar con la norma sancionada al discurso que el Presidente dará el domingo ante la Asamblea Legislativa.
La iniciativa ya había atravesado una primera instancia en la Cámara alta el 12 de febrero, cuando obtuvo la media sanción inicial. Sin embargo, el recorrido legislativo se complicó por la controversia que generó el artículo 44, referido a las licencias por enfermedad, lo que obligó al oficialismo a recalcular su estrategia para asegurar los votos necesarios.
Ese punto en particular, vinculado al régimen de ausencias laborales justificadas por motivos de salud, se convirtió en el núcleo del debate. La inclusión del artículo 44 disparó críticas de la oposición y de sectores sindicales, por lo que el Gobierno decidió retirarlo antes de que el proyecto fuera tratado en la Cámara de Diputados. La modificación permitió destrabar la discusión, pero también obligó a que, tras la aprobación en la Cámara baja, el texto regresara al Senado para una nueva revisión.
En la sesión definitiva, el tramo previo a la votación estuvo marcado por la confusión sobre qué significaba votar a favor o en contra. El esquema acordado establecía que el voto afirmativo implicaba respaldar la versión del proyecto tal como salió de Diputados, es decir, sin el artículo 44. En cambio, el voto negativo significaba insistir con el texto original que la Cámara alta había aprobado en febrero, que sí contenía ese artículo cuestionado.
Esa mecánica llevó a que algunos senadores aclararan públicamente el sentido político de su decisión. Uno de los casos más llamativos fue el de José Carambia, del bloque Movere por Santa Cruz, quien anticipó que su espacio optaría por la abstención. Sin embargo, explicó que, en términos políticos, su postura era contraria a la reforma laboral, pese a que el sistema de votación lo registraría como abstención y no como rechazo.
Mientras tanto, el interbloque kirchnerista se encolumnó de manera unificada detrás del voto negativo. Desde ese sector, la señal fue clara: no acompañar ni la versión original ni la modificada, y dejar asentado su rechazo integral a la reforma impulsada por el oficialismo.
Con el conteo final de 42 senadores a favor, 28 en contra y 2 abstenciones, el oficialismo logró el objetivo de convertir en ley uno de los capítulos centrales de su programa de reformas. El desenlace le permite a Milei exhibir un triunfo legislativo significativo en la previa de su mensaje ante el Congreso, en un contexto en el que cada voto en el Parlamento se negocia al detalle.
El camino de la reforma laboral, atravesado por idas y vueltas y por la necesidad de ajustar el texto para conseguir apoyos, dejó expuestas las distintas alineaciones dentro del Senado. Por un lado, el núcleo duro opositor que se plantó en contra; por otro, sectores que acompañaron con matices, condicionando su respaldo a la eliminación de los puntos más discutidos, como el ya célebre artículo 44.
La aprobación final cierra así una etapa de debate parlamentario intenso y abre otra, centrada en la implementación concreta de los cambios en el mundo del trabajo. Mientras el oficialismo celebra haber conseguido la ley en tiempos políticos ajustados, las fuerzas que votaron en contra ya anticipan que seguirán cuestionando sus efectos en el plano judicial, sindical y social.


