La diplomacia argentina se prepara para despedir uno de sus espacios más emblemáticos. El antiguo edificio de la calle Juncal 847/51, en el barrio porteño de Retiro, que durante décadas alojó al Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN), será vendido mediante subasta pública tras años de abandono y falta de mantenimiento.
La decisión fue formalizada por la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), que autorizó la enajenación del inmueble con una base cercana a los 1,9 millones de dólares. El edificio, considerado una joya arquitectónica hoy muy deteriorada, había dejado de ser sede del ISEN en los años noventa, cuando se inauguró el actual complejo administrativo de la Cancillería en Esmeralda y Arenales. Pese a su valor histórico y patrimonial, nunca se lo reconvirtió para generar recursos y terminó cayendo en desuso.
Según la resolución 99/2025 de la AABE, dictada a fines de diciembre pero conocida recientemente, el inmueble fue incorporado al sistema electrónico “SUBASTAR”, la plataforma obligatoria para la venta de bienes inmuebles del Estado. El Tribunal de Tasaciones de la Nación fijó un valor de mercado de 2.720 millones de pesos —equivalentes a 1.902.097 dólares— y un precio base de salida de 2.448 millones de pesos, unos 1.711.888 dólares, tomando como referencia un tipo de cambio del Banco Nación de 1.430 pesos por dólar al 17 de octubre de 2025.
El edificio cuenta con un terreno de 500 metros cuadrados y más de 1.600 metros cuadrados cubiertos. En agosto de 2025 fue desafectado formalmente de la órbita del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, paso necesario para avanzar con su venta. Desde el Ejecutivo señalan que la operación se inscribe en una política de “optimización del uso del patrimonio estatal” y que los fondos, descontados los gastos, ingresarán al sistema administrado por la AABE, conforme a la normativa vigente.
La operación incluye la intervención de la Comisión Nacional de Monumentos, que exigió respetar la catalogación patrimonial otorgada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. También participaron la Dirección de Desarrollo Urbano Territorial y la Escribanía General del Gobierno de la Nación. En el Gobierno describen la subasta como el cierre de una etapa para una de las sedes más representativas de la formación diplomática y el inicio de su traspaso al ámbito privado.
El deterioro del ex edificio del ISEN es parte de un cuadro más amplio de crisis edilicia en la Cancillería. El Palacio San Martín, sede histórica de la diplomacia argentina, arrastra graves problemas estructurales y no ha sido sometido a una restauración integral, pese a advertencias sobre riesgos incluso en sus pisos. Durante la gestión de Alberto Fernández fue escenario de múltiples actividades sin que se atendieran esas alertas.
El actual edificio de Cancillería, en Esmeralda y Arenales, también presenta fallas severas: sistemas de aire acondicionado colapsados, falta de ventanas y deficiencias estructurales que vuelven casi insoportable el verano para los funcionarios, que lo describen como una “olla de presión”. En el exterior, varias residencias oficiales están tan deterioradas que muchos embajadores optan por alquilar viviendas por cuenta propia. Es el caso de Gerardo Werthein, ex canciller y actual representante en Estados Unidos, y de su sucesor en Washington, Alec Oxenford, que también decidió costear su alojamiento.
En paralelo, el Gobierno ordenó liberar y limpiar el valioso terreno lateral a la Cancillería, sobre la calle Basavilbaso, que se utilizaba como depósito y estacionamiento. Según fuentes oficiales, el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, mantuvo varias reuniones con la jefa administrativa de la Cancillería, Cristina Dellepiane, para identificar áreas de recorte, y ese predio figura entre los bienes que podrían ser puestos a la venta. La instrucción fue dejar de usarlo.
La historia del inmueble de Juncal 847/51 sintetiza décadas de decisiones inconclusas. Construido en 1914, en 2001 estuvo a punto de ser vendido para la construcción de un hotel, por impulso del entonces canciller Adalberto Rodríguez Giavarini. El valor del terreno lo convertía en una propiedad codiciada y se barajaron distintos destinos: desde un alojamiento para visitantes extranjeros hasta su cesión al Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). El alto costo de refacción y mantenimiento frenó esos proyectos.
En aquel momento, el cuerpo diplomático logró bloquear la venta, alegando la importancia simbólica y funcional del edificio, que también albergó anexos como la biblioteca diplomática, hoy sin destino claro. Sin embargo, no se avanzó en una solución alternativa y el inmueble continuó degradándose. Hoy, con un peso político mucho menor, los diplomáticos no pudieron impedir el avance de la llamada “motosierra” sobre uno de sus íconos.
El debate sobre el futuro del ISEN también se reavivó bajo el gobierno de Javier Milei. El instituto, creado en 1963 durante la presidencia de José María Guido por iniciativa del canciller Carlos Muñiz para profesionalizar la carrera diplomática, fue señalado por el oficialismo como parte de la “casta”. Bajo administraciones kirchneristas se amplió fuertemente el número de alumnos y se lo acusó de ideologización. Ya con Milei en el poder, se instruyó a Gerardo Werthein a suspender el ingreso de estudiantes para 2025, lo que disparó temores de cierre. Finalmente, se mantuvo la institución, aunque con cupos muy reducidos.
En este contexto, la venta de la vieja sede del ISEN aparece como un símbolo del repliegue de la Cancillería respecto de sus años de mayor influencia, cuando trabajaba codo a codo con la Casa Rosada y lograba imponer su voz en decisiones sobre el patrimonio del Estado. Hoy, el histórico edificio de Retiro se encamina a cambiar de manos, convertido en un activo más en el plan de ajuste y reconfiguración del mapa inmobiliario estatal.


