Dolores Fonzi regresa a la dirección con su segundo largometraje, Belén, una película que ya está disponible en streaming y que ha sido seleccionada por la Academia de Cine de la Argentina como la candidata nacional para el Oscar a la mejor película internacional. El film se sumerge en un caso real que sacudió la provincia de Tucumán y tuvo impacto nacional, convirtiéndose en un antecedente clave para el debate y la aprobación de leyes vinculadas a los derechos reproductivos en el país.
La historia inicia con gran intensidad: una joven tucumana, interpretada por Camila Plaate, llega de urgencia a un hospital acompañada por su madre, aquejada de fuertes dolores abdominales. El médico de guardia, desinteresado, le receta calmantes. La joven, conocida públicamente como Belén (nombre ficticio utilizado durante el proceso judicial), solicita ir al baño y regresa cubierta de sangre. Al recuperar la conciencia en una camilla, se encuentra esposada y rodeada de policías: la acusan de haber asesinado a su bebé, aunque ella desconocía que estaba embarazada y había sufrido un aborto espontáneo.
La trama, basada en hechos verídicos, muestra cómo Belén fue condenada a prisión, enfrentando incluso la posibilidad de cadena perpetua por un hecho no cometido. Es entonces cuando aparece Soledad Deza —interpretada por la propia Fonzi—, una abogada católica que decide tomar el caso tras la renuncia de la anterior defensora, encarnada por Julieta Cardinali. Junto a una colega (Laura Paredes, también coguionista), Deza inicia una investigación exhaustiva y descubre fallas graves en el proceso, entre ellas la inexplicable demora del juez (Luis Machín) en entregar el expediente a la defensa.
La película retrata la lucha de Deza y sus colegas por revertir la condena, impulsar la visibilidad del caso y superar campañas mediáticas, en su mayoría adversas. El relato se nutre de las movilizaciones sociales, el simbolismo de los pañuelos verdes y la urgencia por evitar retrocesos en materia de derechos. El caso de Belén, convertido en símbolo, marcó un punto de inflexión para la discusión y posterior sanción de leyes sobre el aborto en el Congreso argentino.
Belén se diferencia de Blondi, la ópera prima de Fonzi, por su tono más clásico y su referencia al cine judicial, recordando a producciones como Argentina, 1985 de Santiago Mitre. La película utiliza recursos visuales y musicales potentes, como la inclusión de temas interpretados por Mercedes Sosa, que refuerzan el sentido social y cultural del relato.
Camila Plaate ofrece una interpretación destacada en el papel de la joven protagonista, transmitiendo la vulnerabilidad y la fortaleza de quien fue víctima de un sistema judicial y social adverso. Fonzi, desde ambos lados de la cámara y en el guion junto a Laura Paredes, logra una narración comprometida y enérgica, construida desde la indignación y la necesidad de justicia.
La película, que dura 105 minutos y está disponible en Amazon Prime Video, es un drama contundente que invita a la reflexión sobre la criminalización de mujeres en situaciones de vulnerabilidad. Fonzi, una de las primeras figuras públicas en visibilizar el caso, transforma la historia de Belén en un llamado a no retroceder en conquistas sociales y a evitar injusticias que puedan repetirse bajo pretextos diversos.
Con actuaciones convincentes y una puesta en escena que prioriza el realismo y la emoción, Belén se erige como una obra necesaria para la memoria colectiva y el presente de los derechos en Argentina. Su postulación al Oscar refuerza la trascendencia de un film que no solo cuenta una historia, sino que busca movilizar a la sociedad.


