La imagen que durante décadas identificó al Autódromo Oscar y Juan Gálvez ya no existe: la emblemática Tribuna 15 fue demolida como parte del plan de modernización integral del circuito porteño. Con su caída se cierra un capítulo clave para el automovilismo argentino y, en particular, para los fanáticos de Chevrolet, que hicieron de ese sector un santuario fierrero.
Las gradas, ubicadas al final de la recta principal, fueron derribadas este sábado en el marco de las obras que buscan actualizar el autódromo a estándares internacionales. La decisión, anticipada desde hacía meses, generó una mezcla de melancolía y entusiasmo entre los seguidores del Chivo, que convirtieron a la 15 en un punto de encuentro obligado en cada carrera.
Consciente del peso simbólico del lugar, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires resolvió darle un homenaje singular a esa tribuna: sus restos serán entregados de manera gratuita a los fanáticos. La iniciativa apunta a que cada hincha pueda conservar un pedazo físico de ese espacio cargado de historias, cánticos y rituales de tribuna.
Según se informó oficialmente, la acción se llevará a cabo el fin de semana del 14 y 15 de marzo, en coincidencia con la primera fecha del TC2000 que se disputará en el Callejero de Buenos Aires, a pocos metros del autódromo. Allí se montará un dispositivo especial para que quienes se acerquen puedan retirar fragmentos de la vieja estructura y también de la pista actual, que será removida en la siguiente etapa de las obras.
El operativo se concentrará en la Fan Zone del Callejero, donde se instalará un domo temático. Ese espacio funcionará como una especie de museo efímero: se repasará la historia del Gálvez, se detallarán las intervenciones en curso y se exhibirán los planos del nuevo trazado. Al mismo tiempo, se pondrán a disposición trozos de la Tribuna 15 y de la cinta asfáltica para que el público los pueda llevar como recuerdo.
El secretario de Deportes porteño, Fabián Turnes, destacó el trasfondo emocional de la propuesta y buscó sintetizar el vínculo afectivo de los hinchas con ese sector del autódromo. Remarcó que la 15 es mucho más que hormigón y hierro: forma parte de la memoria sentimental del automovilismo nacional y, de modo especial, de los seguidores de Chevrolet, que la convirtieron en su territorio tradicional a lo largo de los años.
Turnes subrayó que el objetivo es que la transformación del Gálvez no borre la identidad construida en torno al circuito. Planteó que el proceso de renovación se enmarca en un proyecto más amplio para que Buenos Aires cuente con un autódromo a la altura de las grandes capitales del mundo, pero sin desatender lo que el escenario representa para el público que lo llenó de color y banderas en innumerables competencias.
En esa línea, el funcionario definió la entrega de escombros como una forma concreta de honrar el pasado mientras se avanza hacia un nuevo capítulo para el circuito del sur porteño. El gesto busca transformar la nostalgia por la demolición en un recuerdo tangible que los hinchas puedan guardar en sus casas, talleres y peñas, como símbolo de una época que marcó generaciones.
La desaparición de la Tribuna 15 se inscribe en un plan de obras más amplio que rediseñará el paisaje del autódromo. El Gálvez se prepara para recibir al MotoGP en 2027 y alimenta el sueño de volver a albergar a la Fórmula 1, un anhelo que se potencia con el presente internacional de Franco Colapinto y el renovado interés por las categorías de elite.
Mientras las máquinas avanzan y el circuito se redefine, los fanáticos se enfrentan a la paradoja de despedir un símbolo irremplazable al mismo tiempo que se ilusionan con un autódromo modernizado y con mayor proyección global. Entre montañas de escombros y proyectos de futuro, la 15 comienza a vivir una segunda vida: ya no como tribuna, sino como miles de pequeños fragmentos repartidos entre quienes la convirtieron en leyenda.


