Oleksandra Oliynykova no dejó Ucrania para escapar de la guerra. Sale del país para competir, lleva consigo un mensaje político y humanitario, y vuelve a Kiev, donde entrena a diario entre edificios dañados y el eco de las bombas rusas. Hija de un soldado que combate en el frente, la tenista convive con la incertidumbre, pero eligió que su carrera sea también una plataforma para visibilizar el drama de su pueblo.
En enero, tras su estreno en el Abierto de Australia frente a la estadounidense Madison Keys, defensora del título, no sólo llamó la atención por su juego. Al terminar el partido lució una remera blanca con una frase contundente: pedía ayuda para proteger a mujeres y niños ucranianos, pero aclaraba que no podía hablar del tema en ese contexto. Su mensaje dio la vuelta al mundo.
El vínculo de Oliynykova con la guerra es antiguo. De niña se mudó con su familia a Odesa y allí conoció el miedo cuando todavía soñaba con ser una figura del tenis. El deporte se convirtió en refugio. En una entrevista recordó una noche en la que su padre llegó cerca de la medianoche, les pidió que apagaran los celulares y armaran un bolso en media hora. Viajaron durante horas mientras su madre lloraba. Ella, sin medir aún el peligro, sólo pensaba en que se perdería el Masters Sub 10 de Ucrania.
Hoy, con 73 años en el ranking mundial, su realidad sigue atravesada por el conflicto bélico. Su padre, que antes la acompañaba a los torneos, ahora permanece en el frente. Desde allí le escribió para decirle que ver su nombre en los grandes cuadros del circuito era el sueño cumplido de toda una vida. Ella habla de él con orgullo y lo ayuda como puede.
El público argentino la descubrió a fines del año pasado, cuando ganó el WTA 125 de Tucumán. Allí no sólo conquistó el torneo: también se ganó el afecto de la gente y, casi sin buscarlo, se convirtió en la cara internacional de un pequeño emprendimiento de indumentaria deportiva local.
La otra protagonista de esta historia es Daniela Zeitune, licenciada en Administración de Empresas y jugadora del circuito de veteranos de Tucumán. En 2013 decidió unir dos pasiones, la moda y el tenis, y creó una marca de ropa deportiva personalizada, Libido. Empezó produciendo para jugadoras de su provincia, luego se expandió un poco más, sumó diseños para hombres y montó su propio taller en abril del año pasado. Pero nunca había vestido a una profesional del circuito grande, mucho menos a una extranjera.
Durante el WTA 125 tucumano, Zeitune se fijó en esa ucraniana distinta a todas: cercana al público, siempre amable, llena de tatuajes y brillos en el rostro, con un estilo de juego que descolocaba a sus rivales con cambios constantes de ritmo. Observó algo clave: Oliynykova no repetía indumentaria, lo que le hizo sospechar que no tenía sponsor de ropa.
Entre bromas con sus amigas, se preguntaban si la europea aceptaría vestir su marca. Finalmente, se animó. Habló con el entrenador de la jugadora, le comentó su idea y él facilitó un encuentro. Cuando se vieron, la ucraniana aceptó enseguida. Zeitune la invitó a su local y allí la escena fue reveladora: la tenista se probó todo con entusiasmo, como una niña en una juguetería, según recuerda la diseñadora.
El gesto de la tucumana fue generoso. Le entregó unos treinta vestidos, pensando en la historia personal de Oliynykova y en las dificultades que atraviesa. Cuatro meses después, todavía se sorprende de lo que ocurrió. “¿Quién hubiera imaginado que un emprendimiento tan chico, desde Tucumán, terminaría vinculado a una jugadora profesional ucraniana?”, se pregunta cada vez que la ve en televisión.
Tras su triunfo en Tucumán, la tenista viajó a Colina, Chile, donde volvió a quedarse con el título en otro WTA 125. También allí compitió vestida por Libido, aunque en la premiación apareció abrigada con una campera de jean. Al enterarse de que luego jugaría un torneo en Buenos Aires, Zeitune decidió ampliar la propuesta: le confeccionó camperas livianas, más adecuadas para las ceremonias, y respondió a un nuevo pedido de la jugadora, que necesitaba calzas largas y abrigadas para entrenar en Kiev, donde el invierno es duro. Llegó a producir seis calzas y reunió toda la mercadería talle S que tenía disponible para llevársela a la capital argentina.
La realidad económica de Oliynykova también está marcada por la guerra. Viaja sola a las giras porque el dinero que podría destinar a un equipo de trabajo lo envía al ejército ucraniano y a su padre. En una entrevista previa al Abierto de Australia explicó que no se siente cómoda gastando todo lo que gana cuando vive en un país en guerra, con amigos en el frente y un futuro incierto. Por eso, dice, prefiere ayudar a los soldados y continuar compitiendo sin acompañantes.
Cuando se confirmó que entraría de manera directa al cuadro principal en Melbourne, surgió un nuevo desafío logístico para la marca tucumana: enviarle la ropa a tiempo. La duda era si despacharla a Ucrania, algo muy complejo, o a Croacia, donde vive el hermano de la jugadora. Optaron por la segunda opción y tuvieron apenas tres días para producir. Zeitune diseñó tres conjuntos para que la ucraniana eligiera su favorito.
El debut en Australia terminó en derrota deportiva ante Madison Keys, pero fue un hito simbólico. En el estadio Rod Laver, uno de los escenarios más prestigiosos del tenis mundial, Oliynykova exhibió su juego y, al mismo tiempo, llevó a la vidriera global una marca nacida en un pequeño taller tucumano.
Después del torneo, la ucraniana se comunicó con Zeitune para pedirle que siguieran trabajando juntas durante la temporada. La emprendedora, entusiasmada, ya preparaba un nuevo envío cuando habló con este diario. Entre Kiev y Tucumán, entre el frente de batalla y una mesa de corte, la historia de Oliynykova y Libido muestra cómo el deporte puede tender puentes inesperados entre países y realidades muy distintas, incluso en los momentos más oscuros.


