La noche del 28 de febrero de 1970, el estadio K.B. Hallen de Copenhague recibió a un supuesto cuarteto de rock pesado llamado The Nobs. En realidad, sobre el escenario estaba una de las bandas más influyentes del rock: Led Zeppelin, forzada a esconder su nombre por la amenaza de una demanda judicial en Dinamarca.
La ofensiva provenía de la condesa Eva Von Zeppelin, quien se presentaba como descendiente directa del conde Ferdinand Von Zeppelin, pionero en la fabricación de dirigibles. Molesta por el uso del apellido familiar, la aristócrata llevaba tiempo hostigando a la oficina de representación de la banda en Londres desde que el grupo abandonó el nombre The New Yardbirds y adoptó el de Led Zeppelin.
Eva Von Zeppelin no se limitó a una queja privada. En declaraciones a la prensa danesa, calificó a los músicos de “monos chillones” y aseguró que no permitiría que una banda de “música basura” se promocionara con el apellido de su familia. “Si lo hacen, los veré en la corte”, advirtió, al tiempo que pedía que su caso sirviera de advertencia para otros artistas que pretendieran usar el nombre Zeppelin sin autorización.
Para 1970, Led Zeppelin ya era una figura central en la escena del rock internacional, y la virulencia de la condesa tomó por sorpresa al grupo. Robert Plant reaccionó con indignación y desdén, preguntándose en voz alta quién era esa mujer de la que nadie había oído hablar, mientras remarcaba que el nombre de la banda sí era conocido por millones de personas en todo el mundo.
Sin embargo, el conflicto escalaba en los medios daneses y amenazaba con opacar la gira. Ante ese escenario, prevaleció la postura más cautelosa del guitarrista Jimmy Page y del manager Peter Grant. Según el testimonio recogido en el libro Stairway to Heaven: Led Zeppelin Uncensored (1992), Page planteó la necesidad de “controlar el daño” y buscar algún tipo de salida diplomática al enfrentamiento con la condesa.
La estrategia fue insólita para una banda de rock duro en pleno ascenso: invitar a la furiosa aristócrata a una reunión cara a cara. Contra todo pronóstico, Eva Von Zeppelin aceptó. El encuentro se concretó el viernes 27 de febrero por la mañana, en un estudio de ensayo alquilado por el grupo en Copenhague para recuperarse del trajín de los vuelos por Europa.
Antes de la cita, Grant pidió a los músicos máxima prudencia y evitar cualquier comentario que pudiera agravar el conflicto. El vocero sería Jimmy Page, mientras que Robert Plant, John Paul Jones y John Bonham se limitarían a asentir y sonreír cuando fuera oportuno.
La condesa abrió la conversación con una declaración directa: su objetivo, dijo, era proteger la reputación de su familia. Page respondió con un tono amable, insistiendo en que la banda no pretendía difamar el apellido Zeppelin y que su música era disfrutada por millones de personas sin que nadie asociara el nombre del grupo con una falta de respeto hacia la historia de los dirigibles.
Durante un tramo de la reunión pareció abrirse una pequeña grieta en la postura inflexible de Eva Von Zeppelin. Tanto Page como Plant interpretarían luego que la condesa empezaba a comprender que el uso del nombre no era un ataque deliberado contra su linaje. Pero ese aparente avance se desplomó en cuestión de segundos.
Al salir del estudio, la aristócrata se topó con la portada del primer disco de Led Zeppelin, que reproduce la imagen del dirigible Hindenburg envuelto en llamas durante el accidente ocurrido el 6 de mayo de 1937 en Nueva Jersey. El siniestro, provocado por una chispa que encendió las celdas de hidrógeno, dejó 35 muertos a bordo y un operario fallecido en tierra, y el fuselaje cayó en apenas 32 segundos.
La visión de esa fotografía desató la furia total de Eva Von Zeppelin. Según recordó Page años después en el libro Led Zeppelin: The Biography (2021), la condesa “perdió los estribos” y abandonó el lugar entre insultos y nuevas amenazas de llevar a la banda ante la justicia danesa.
Ante el riesgo de una acción legal inmediata, el grupo y su entorno tomaron una decisión preventiva para el concierto del día siguiente: presentarse con otro nombre. Así nació, por una noche, The Nobs, un guiño al promotor suizo Claude Nobs, amigo cercano del grupo y fundador del Festival de Jazz de Montreux. No hubo tiempo para modificar afiches ni entradas, que seguían anunciando a Led Zeppelin, pero sobre el escenario y en la comunicación oficial el cuarteto fue rebautizado.
El show en el K.B. Hallen, inaugurado en 1938 y con capacidad para unas 4.500 personas, estuvo lejos de ser un trámite burocrático. Impulsados quizá por el absurdo del conflicto, los músicos ofrecieron un concierto demoledor. Abrieron con “Dazed and Confused” y “Heartbreaker”, dieron espacio a un solo de órgano Hammond de John Paul Jones y alcanzaron uno de los puntos más altos con “Moby Dick”, vehículo para el arrollador solo de batería de John Bonham. El cierre llegó con “Bring It On Home” y una potente versión del clásico de Little Richard “Long Tall Sally”.
El origen del nombre de la banda, paradójicamente, se remontaba a una broma de Keith Moon, baterista de The Who, quien había sugerido bautizar al nuevo proyecto de Page como Lead Zeppelin (“Zeppelin de plomo”). El guitarrista optó luego por simplificar la ortografía a Led Zeppelin, una modificación que no alcanzó para evitar el choque con la nobleza alemana en una fría noche danesa en la que, por unas horas, el gigante del rock tuvo que ocultarse detrás del alias de The Nobs.


