Luego de un 2025 marcado por fuertes incrementos en el mostrador, el mercado de la carne vacuna se encamina a una pausa estacional en los precios durante los primeros meses de 2026. Referentes del sector y consultoras privadas coinciden en que el verano traerá cierta moderación, aunque advierten que el alivio podría ser transitorio y que, a partir de marzo, las subas volverían a ganar terreno.
A lo largo de 2025, el asado se encareció cerca de un 43%, ubicándose casi 12 puntos porcentuales por encima de la inflación minorista, que cerraría el año en torno al 31% acumulado. El salto en el valor de los cortes se explica, en buena medida, por el traslado de mayores costos fijos a los precios finales, lo que terminó recalentando un rubro clave dentro de la canasta básica.
Sin embargo, el arranque de 2026 muestra un escenario distinto. Por motivos estacionales, se espera que los valores de la carne se mantengan relativamente estables durante el verano. El coordinador federal de la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores (CAMYA), Ariel Morales, señaló que en los primeros meses del año se registra tradicionalmente una caída en la demanda: muchas personas se encuentran de vacaciones y, además, el consumo de carne vacuna suele retraerse en esta época.
Ese menor apetito interno se combina con otro factor que hoy contribuye a contener los precios: la ausencia circunstancial de los frigoríficos exportadores en el mercado de hacienda. Según explicó Morales, estos jugadores se retiraron de manera transitoria, lo que redujo la presión sobre los valores del ganado en pie y ayudó a frenar nuevas remarcaciones en el mostrador.
Las mediciones privadas reflejan el impacto que tuvo la carne en el cierre inflacionario del año pasado. De acuerdo con C&T Asesores Económicos, en diciembre los cortes vacunos registraron un incremento del 8%, lo que empujó al alza el índice general de precios por el peso que tiene este producto en la estructura de consumo de los hogares. En paralelo, la consultora Analytica detectó en carnes y derivados una suba más moderada, del 5,4% en promedio, aunque igualmente por encima de la pauta inflacionaria mensual.
En este contexto, Morales destacó que el consumo de carne mostró un repunte reciente, fenómeno que vinculó con cierta mejora en el poder adquisitivo de la población. No obstante, planteó dudas sobre la sostenibilidad de esa recuperación. Recordó que el Gobierno absorbió una porción importante de la liquidez circulante en la economía, lo que podría acotar la capacidad de gasto de las familias en los próximos meses.
El dirigente de CAMYA también advirtió sobre la dinámica típica del calendario. El retorno de las vacaciones suele venir acompañado de un ajuste en los consumos, mayor uso de tarjetas de crédito y la necesidad de afrontar las financiaciones de fin de año. Bajo ese patrón, marzo y abril aparecen, históricamente, como meses difíciles para la reactivación económica, con impacto directo sobre el nivel de compras en el rubro alimentos.
Más allá del respiro estival, los operadores del sector ganadero miran con preocupación lo que puede ocurrir con la oferta a partir de marzo. Morales indicó que los productores están reteniendo vientres, una decisión estratégica clave para la reposición de invernada. Esta práctica, necesaria para recomponer rodeos, reduce en el corto plazo la cantidad de animales disponibles para faena y, en consecuencia, puede presionar nuevamente al alza los precios de la carne.
La retención de vientres se suma a otro elemento que podría recalentar el mercado: el empuje simultáneo del consumo interno y de la exportación. Si ambos frentes demandan más volumen en un contexto de menor oferta, el equilibrio actual podría romperse y derivar en una nueva ronda de incrementos en los mostradores de carnicerías y supermercados.
Así, el panorama que trazan los especialistas combina, por un lado, un verano con valores más estables gracias a la estacionalidad, la baja en la demanda y la menor presión de los frigoríficos exportadores; y, por el otro, la expectativa de un nuevo ciclo de aumentos hacia el otoño, motorizado por la caída en la oferta de hacienda y un posible rebote del consumo, siempre condicionado por la evolución de los ingresos y la política económica.
En un contexto de inflación todavía elevada y bolsillos resentidos, la evolución del precio de la carne seguirá siendo un termómetro central del humor social y del poder de compra de los hogares durante 2026.


