Carlos Melconian volvió a instalar su nombre en la carrera hacia la Casa Rosada. En una entrevista televisiva, el economista admitió que analiza seriamente competir en las elecciones presidenciales de 2027 y reveló que ya trabaja en el armado de un programa junto a su equipo técnico.
“La vocación siempre estuvo”, reconoció el ex titular del Banco Nación, al ser consultado sobre una eventual candidatura. Sin embargo, aclaró que su decisión no pasa solo por el deseo personal, sino por la posibilidad de construir una propuesta integral: su objetivo, explicó, es trasladar al plano político el trabajo que viene desarrollando desde el IERAL y la Fundación Mediterránea en materia económica.
Melconian describió un país atrapado en una agenda dominada por la coyuntura económica y episodios policiales, mientras el debate de fondo sigue siendo si se logra o no encarrilar la macroeconomía. Desde esa mirada, sostuvo que el primer paso sigue siendo ordenar las cuentas públicas, pero advirtió que el equilibrio fiscal no puede ser el único horizonte.
“Con el superávit fiscal no alcanza para comer, curarse y educarse”, señaló, marcando distancia tanto de posiciones populistas como de visiones que reducen la política económica a la mera aritmética del gasto. Sin renegar de los ajustes necesarios, insistió en que la política debe contemplar el impacto social de las decisiones.
El economista recordó además el rol que iba a ocupar en un eventual gobierno de Patricia Bullrich, donde estaba designado como futuro ministro de Economía si la candidata de Juntos por el Cambio se imponía en los comicios que finalmente ganó Javier Milei. Aun así, subrayó que el equipo técnico que lideró no estaba pensado exclusivamente para una figura política, sino como una propuesta que pudiera ser aprovechada por quien resultara electo.
“Tratamos de no desarmar las cabezas del equipo económico”, explicó, en referencia al grupo de especialistas con el que trabajó durante la campaña. Según dijo, ese núcleo de profesionales sigue activo y es la base desde la cual proyecta un eventual salto a la competencia presidencial. Afirmó que continúa sumando colaboradores con la idea de consolidar un programa robusto de gobierno.
Melconian también dejó en claro que no está dispuesto a llegar al poder a cualquier costo. Dijo que solo aceptaría competir si puede sostener sus convicciones y el diseño de país que viene elaborando. “Si para llegar hay que resignar banderas, después uno termina preguntándose para qué quería ese lugar”, razonó, aludiendo a la tensión entre pragmatismo electoral y coherencia programática.
Mirando hacia adelante, el economista planteó su visión de un “post mileísmo” que mantenga un rumbo de mercado, pero sin caer en lo que considera excesos del actual oficialismo. Afirmó que su horizonte es un capitalismo occidental de libre empresa, aunque con límites y reglas claras, y sin la retórica extrema que adjudica al Presidente.
En ese sentido, fue muy crítico de la forma en que Milei defiende las ideas de libertad económica. A su juicio, el mandatario llevó al extremo ciertos conceptos y terminó dañando el prestigio de principios que él mismo comparte. Cuestionó, por ejemplo, el desprecio generalizado hacia el sector público, la idea de “dinamitar” estructuras estatales y la insistencia en privatizar organismos como el Banco Nación sin un debate más amplio.
Melconian también repasó las promesas de campaña del actual jefe de Estado y las contrastó con lo que se implementó en la práctica. Destacó tres consignas que calificó como “geniales” desde el punto de vista electoral: el cierre del Banco Central, la eliminación de la “casta” política y la famosa “motosierra” para recortar el gasto. Pero remarcó que existe una brecha importante entre esos slogans y las medidas efectivamente adoptadas por el Gobierno.
Pese a sus críticas, el economista no descartó colaborar con la administración de La Libertad Avanza. Aseguró que estaría dispuesto a sumarse a la gestión si se dieran las condiciones personales y políticas adecuadas. Para que eso ocurra, subrayó, debería construirse un vínculo de confianza y respeto mutuo, algo que considera indispensable para que cualquier proyecto económico pueda funcionar.
Mientras tanto, Melconian se concentra en fortalecer su plataforma técnica y en evaluar si ese trabajo puede transformarse en una candidatura presidencial concreta. Su nombre se suma así al listado de figuras que ya empiezan a mover fichas de cara a 2027, en un escenario donde la economía sigue siendo el eje de la discusión pública y el futuro del “mileísmo” todavía está en disputa.


