A lo largo de la segunda mitad del siglo XX y en lo que va del XXI, el circuito local recibió a casi todas las grandes figuras del jazz internacional. Aunque nombres como John Coltrane o Miles Davis nunca llegaron a tocar en el país —por la temprana muerte del saxofonista y por una enfermedad que obligó al trompetista a cancelar un show previsto en Buenos Aires en 1988—, la lista de leyendas que sí pisaron escenarios argentinos es inmensa. Y, en varios casos, las anécdotas extramusicales terminaron siendo tan recordadas como la música.
Entre las historias más llamativas se destacan tres visitas que se convirtieron en mito: la insólita escala de Bill Evans en San Nicolás, la descompensación de Charles Mingus que terminó en el Hospital Fernández y la misteriosa desaparición de Ornette Coleman durante un día entero, que activó a ministros y a la Embajada de Estados Unidos.
Bill Evans y un concierto perdido en San Nicolás
Considerado el pianista blanco más influyente en la historia del jazz, Bill Evans llevó al género las armonías impresionistas de Debussy y Ravel, redefinió el trío de piano, contrabajo y batería, y dejó piezas ya clásicas como Waltz for Debby. Su aporte en Kind of Blue, de Miles Davis, fue clave en la consolidación del jazz modal. Sin embargo, su vida estuvo marcada por las adicciones, que terminaron por opacar parte de su legado.
Evans visitó la Argentina en dos oportunidades. La primera fue el 24 de junio de 1973, en un concierto matutino en el Teatro Gran Rex que muchos asistentes aún recuerdan como deslumbrante. La segunda gira ocurrió en septiembre de 1979, con funciones dobles en el Teatro Ópera el día 19, una presentación en Rosario el 24, otra en San Nicolás el 25 y un cierre en el Teatro San Martín el 27.
La escala en San Nicolás es, quizás, la más insólita: Evans se presentó en el Teatro Municipal Rafael de Aguiar, en una jornada cuyo evento principal no era el pianista, sino la elección de la Reina de la Primavera. Según la versión que circula desde entonces, el sello Warner consideró estratégico incluir esa ciudad en el itinerario por la presencia de una petrolera de capitales estadounidenses en la zona, con la expectativa de convocar a compatriotas radicados allí.
El viaje se hizo en auto y en el día, a bordo de un Ford Taunus en mal estado: Evans viajaba de copiloto; en el asiento trasero iban el contrabajista Marc Johnson, el baterista Joe LaBarbera y la mánager Helen Keane, mientras que el productor Jorge Giovanelli conducía. El resultado, desde lo comercial, fue un desastre: en una sala de unas 800 butacas apenas se vendieron 150 entradas. El detalle emotivo lo aportó el piano disponible en el teatro, muy parecido al instrumento con el que Evans había aprendido a tocar de niño.
Tras el concierto y una cena improvisada junto a la sala, el grupo regresó a Buenos Aires para preparar la presentación en el San Martín. Menos de un año después, el 15 de septiembre de 1980, Evans murió por una úlcera perforada que derivó en una hemorragia interna, agravada por cirrosis hepática asociada al consumo de drogas y alcohol. Sus recitales porteños de 1973 y 1979 fueron editados en CD con audio de alta calidad, y la enigmática noche de San Nicolás quedó recreada en el film Bill 79, de Mariano Galperín, con Diego Gentili como Evans y Marina Bellati en el rol de Keane.
Charles Mingus: del Coliseo al Hospital Fernández
Charles Mingus fue mucho más que un contrabajista: pianista, compositor de obras fundamentales como Goodbye Pork Pie Hat, líder de grandes formaciones, colaborador de Duke Ellington, Charlie Parker y Dizzy Gillespie, figura central de discos como Mingus Ah Um, Blues & Roots y The Black Saint and the Sinner Lady, pionero en el free jazz y en los cruces estilísticos, además de activista contra el racismo. También era célebre por su carácter explosivo y sus malos modos, incluso con sus propios músicos.
En 1977 llegó a Buenos Aires para dos presentaciones, el 2 de junio en el Teatro Coliseo y el 3 en la Sociedad Hebraica Argentina. Hace poco se publicaron grabaciones seleccionadas de esos conciertos en un álbum doble que fue celebrado por melómanos de todo el mundo, por la intensidad de lo que se escuchó aquellas noches.
Su malhumor quedó registrado en una conferencia de prensa en la que maltrató a los periodistas mientras fumaba un habano sin pausa, y en una entrevista con la revista Expreso Imaginario, donde criticó sin rodeos la versión de Goodbye Pork Pie Hat que Jeff Beck había incluido en su disco Wired (1976). Según contó, al escucharla sólo pensó en las regalías que le generaría esa grabación, que fueron cuantiosas.
Pero detrás de ese temperamento había un cuadro físico preocupante. Durante la visita se quejaba de fuertes dolores en la columna y las piernas. Tras el recital en el Coliseo sufrió una descompensación con desmayo y debió ser trasladado en ambulancia al Hospital Fernández. Allí fue estabilizado y dado de alta al día siguiente.
Aquel episodio fue un antecedente de la enfermedad que lo mataría poco después: esclerosis lateral amiotrófica (ELA), patología neurodegenerativa aún sin cura. Mingus murió el 5 de enero de 1979 en Cuernavaca, México, y sus cenizas fueron esparcidas en el río Ganges, en la India.
Ornette Coleman: 24 horas sin rastro hasta aparecer en Tigre
El 6 de mayo de 2009, Ornette Coleman, el saxofonista que sacudió al jazz con su disco Free Jazz en 1960, salió del Hotel Panamericano en el centro porteño y se desvaneció del mapa. Cerca de los 80 años, había llegado desde Estados Unidos acompañado por su hijo Denardo y otros colaboradores. Al reunirse en el lobby, el grupo notó su ausencia y subió a la habitación: encontraron su pasaporte y su billetera con dinero y tarjetas, pero ni rastro del músico.
La alarma fue inmediata. Esa misma tarde debía recibir, de manos de Mauricio Macri —entonces jefe de Gobierno porteño—, la distinción de Huésped Ilustre en la Legislatura. Músicos y allegados salieron a buscarlo por el microcentro sin éxito. Los productores del concierto avisaron al ministro de Cultura de la Ciudad, Hernán Lombardi, quien a su vez se comunicó con el ministro del Interior, Aníbal Fernández. La hipótesis de un posible secuestro se tomó en serio.
La noche y la madrugada pasaron sin novedades. No había reportes del SAME ni de la policía sobre alguien que coincidiera con su descripción. Por la mañana se decidió informar del caso a la Embajada de Estados Unidos, tratando de evitar que el episodio trascendiera a la prensa. En ese contexto llegó la noticia: Coleman estaba sano y salvo en Tigre.
Con el correr de las horas se reconstruyó lo sucedido. Vecinos lo habían encontrado solo en un predio y, ante su resistencia a irse y las dificultades para entenderlo, lo llevaron a una comisaría, donde le dieron de comer. Al día siguiente, una profesora de inglés logró identificar su nombre, su profesión y que había llegado hasta allí combinando subte y tren. Una búsqueda en Google terminó de confirmar quién era el visitante extraviado.
El comisario que lo atendió relató que le ofrecieron un guiso de arroz, del que probó poco, pero aceptó dos vasos de vino que pidió expresamente. Al suponer que la comida no le había gustado, un oficial fue a un kiosco y le compró un pebete de jamón y queso; Coleman se comió la mitad y guardó el resto en una bolsa plástica que no soltó en ningún momento.
Denardo Coleman firmó el acta que certificaba que su padre estaba en buen estado. De regreso en la Capital, Ornette descansó, se bañó, se afeitó y, la noche del 7 de mayo de 2009, ofreció en el Gran Rex un concierto que quedaría en el recuerdo, alternando entre saxo y violín e incluyendo una emotiva versión de Lonely Woman.
Así, entre un teatro casi vacío en San Nicolás, una ambulancia rumbo al Fernández y una comisaría en Tigre, tres gigantes del jazz sumaron capítulos inesperados a la historia musical argentina.


