Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido globalmente como Bad Bunny, llega a febrero decidido a seguir reescribiendo la historia de la música pop. A los 31 años, el puertorriqueño es el artista más escuchado del planeta y afronta dos domingos consecutivos que pueden elevar aún más su leyenda: la ceremonia de los premios Grammy y el show del entretiempo del Superbowl.
Mientras gran parte de las figuras latinas más famosas apostaron por el crossover al inglés —de Shakira a Ricky Martin o Enrique Iglesias— Bad Bunny eligió otro camino: mantener su obra íntegramente en español y competir de igual a igual con las grandes ligas angloparlantes. Esa decisión, lejos de limitarlo, lo llevó a la cima de los rankings globales y lo convirtió en un símbolo de orgullo cultural para el mundo hispanohablante.
El éxito, sin embargo, vino acompañado de críticas. Entre ellas, las del expresidente Donald J. Trump, que cuestionó públicamente cómo la NFL había elegido para el entretiempo del Superbowl a “ese cantante en español” que él dice no conocer. Desde la organización del espectáculo defendieron la elección recordando la popularidad masiva del puertorriqueño y subrayando que su objetivo es entretener a los millones de espectadores que siguen el evento por televisión. Bad Bunny, por su parte, respondió con humor y distancia, incluso bromeando sobre la polémica cuando condujo el programa Saturday Night Live.
Un febrero histórico entre Los Ángeles y Santa Clara
El 1 de febrero, en Los Ángeles, Bad Bunny podría marcar un antes y un después en la industria discográfica. Su sexto álbum de estudio, Debí tirar más fotos, lanzado en enero de 2025, compite por seis premios Grammy, incluidos los tres rubros más codiciados: Canción del Año, Álbum del Año y Grabación del Año. Es la primera vez que un disco cantado íntegramente en español alcanza semejante nivel de reconocimiento en la principal premiación de la música estadounidense.
Una semana más tarde, el 8 de febrero, el foco se trasladará a Santa Clara, en pleno Silicon Valley. Allí, en el Levi’s Stadium, Bad Bunny encabezará el show del entretiempo del Superbowl, con una audiencia estimada en unos 200 millones de televidentes solo en Estados Unidos. De concretarse el impacto que se anticipa, su presentación puede consolidarlo como una figura de referencia definitiva en la cultura pop global, cantando en español frente al público más masivo del país.
La previa no está exenta de controversia política. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, advirtió en un podcast que agentes de ICE estarán presentes en el estadio y sugirió que solo deberían asistir ciudadanos estadounidenses. El mensaje, interpretado como una advertencia velada a la comunidad latina, contrasta con el crecimiento sostenido de los aficionados hispanos a la NFL, que año a año ganan presencia aunque aún no representen un porcentaje dominante del público.
De los pasillos del supermercado al Olimpo del pop
El ascenso de Bad Bunny fue retratado por la revista Entertainment Weekly, que lo nombró Artista del Año y pidió a su compatriota Fat Joe que pusiera en palabras el fenómeno. El rapero lo definió como una megaestrella que, pese a su éxito, conserva la cercanía de “ese tipo que creció con uno”, recordando que hace apenas una década el hoy ídolo global embolsaba compras en un supermercado. Fat Joe relató incluso una anécdota de su viaje desde Nueva York a San Juan para verlo en vivo: al aterrizar, el piloto no dio la bienvenida a la capital puertorriqueña, sino a “Bad Bunny”, reflejo del clima de devoción que lo rodea en la isla.
El vínculo con Puerto Rico atraviesa su obra y sus decisiones. Debí tirar más fotos es un homenaje explícito a la cultura de su tierra natal, donde mezcla ritmos heredados de la salsa y el bolero con el pulso urbano del reggaetón, desafiando formatos y convenciones desde el día de su lanzamiento.
Un tour que impulsa la economía y esquiva a Estados Unidos
Mientras Jennifer Lopez, también de raíces boricuas, mantiene una residencia musical en Las Vegas, Bad Bunny optó por no llevar su gira mundial a Estados Unidos. El motivo: el temor a que las políticas migratorias y los operativos de ICE pusieran en riesgo a sus seguidores en la entrada de los shows. En cambio, decidió concentrar una parte clave del tour en Puerto Rico, donde ofreció 31 conciertos que inyectaron alrededor de 400 millones de dólares en la economía local.
En paralelo, su gira global tiene una escala destacada en Argentina: los días 13, 14 y 15 de febrero, el Estadio Monumental será sede de tres recitales que prometen convertirse en una celebración multitudinaria para sus fans locales, en pleno pico de su exposición mediática internacional.
Del show compartido con Shakira al escenario propio
Bad Bunny ya tuvo un primer acercamiento al Superbowl en 2020, cuando subió al escenario como invitado de Shakira en un espectáculo que un crítico de The New York Times calificó como uno de los más vibrantes que había visto. Aquella vez compartió el foco con la colombiana y con Jennifer Lopez. Este año, en cambio, el escenario será exclusivamente suyo.
El salto genera resistencias en sectores conservadores de Estados Unidos, que incluso reclaman su deportación, ignorando que, por haber nacido en Puerto Rico, es ciudadano estadounidense. Grupos opositores han impulsado peticiones y organizado un concierto alternativo con un cantante country autodefinido “patriota” para expresar su rechazo.
Entre la presión política, las campañas de boicot y el respaldo masivo de su público global, Bad Bunny se prepara para un febrero que puede consagrarlo como el artista que demostró que no hace falta abandonar el español para dominar la escena musical más competitiva del mundo.


