A casi dos años y medio del inicio de la actual gestión, el Gobierno nacional aún no logró abrir las puertas del financiamiento en los mercados internacionales, pese a haber avanzado en el ajuste fiscal, las privatizaciones y el alineamiento con los intereses de los inversores globales. Así lo planteó el exministro de Economía y expresidente del Banco Central, Alfonso Prat-Gay, durante una disertación en el tradicional almuerzo del Rotary Club de Buenos Aires.
Ante más de 140 empresarios, en su mayoría identificados con las ideas libertarias, el economista ofreció una evaluación crítica del programa económico oficial. Señaló como una contradicción que una administración que se define libertaria y que, según él, “cumplió todo lo que le pidió Wall Street”, no haya logrado aún acceder al mercado internacional de deuda.
Prat-Gay advirtió que esta situación se vuelve especialmente delicada frente al calendario de vencimientos externos: el país afronta pagos en moneda extranjera del orden de los 20.000 millones de dólares anuales. Sin la posibilidad de refinanciar esos compromisos, la única alternativa es cancelarlos al contado, en un contexto en el que las reservas netas del Banco Central se encuentran en terreno negativo y la cuenta corriente exhibe déficit.
“No es sostenible”, evaluó el exfuncionario, al explicar que el superávit comercial de bienes resulta insuficiente para equilibrar el balance de pagos cuando se incorporan los servicios. En ese marco, consideró que la fragilidad macroeconómica se potencia por la falta de confianza tanto en la moneda local como en el programa económico ante los acreedores externos.
El exministro describió como otra paradoja la escasa monetización de la economía. A su entender, la desconfianza en el peso impide que se genere un círculo virtuoso: sin aumento en la demanda de dinero, no crece el crédito; sin crédito, no se reactiva la actividad; y sin reactivación, no es posible acumular reservas. “La gente no quiere pesos”, resumió al trazar el diagnóstico sobre la dificultad para remonetizar la economía.
En esa línea, se preguntó qué impide que los argentinos vuelvan a confiar en la moneda nacional y por qué los acreedores externos no terminan de respaldar el programa oficial. Mientras no se despejen esos interrogantes, advirtió, el país seguirá en una situación económica “muy frágil”.
Prat-Gay también cuestionó la capacidad del plan económico para generar resultados concretos en el día a día. Afirmó que ningún programa “enamora” si no se traduce en creación de empleo, aumento de la producción y mayor nivel de exportaciones. Marcó una brecha entre los indicadores macroeconómicos y la realidad microeconómica, y sostuvo que “no puede estar bien la macro si la micro está mal”. Si el saldo del programa es un deterioro de la economía real, concluyó, “entonces está mal el programa”.
Uno de los puntos centrales de su crítica fue la evolución de la inflación. A casi 30 meses de gestión, el índice de precios se mantiene alrededor del 3% mensual, un registro que el exministro comparó con otros períodos: a la misma altura del gobierno de Mauricio Macri, el dato se ubicaba en 1,5% mensual; durante la convertibilidad rondaba el 1%; y en la administración de Eduardo Duhalde llegó a 0,5%. Desde su perspectiva, el oficialismo “subestimó la inercia inflacionaria” propia de una economía acostumbrada a altos niveles de aumento de precios y “sigue sin interpretarla bien”.
Prat-Gay remarcó que no alcanza con exhibir equilibrio fiscal y emisión monetaria nula para dominar la inflación. Recordó que una estrategia similar se intentó durante la presidencia de Macri y “no funcionó”. En su opinión, las reformas estructurales solo pueden consolidarse si se construyen por consenso, ya que de lo contrario quedan expuestas a ser revertidas ante un eventual cambio de gobierno.
Aun así, el exministro no descartó que el programa actual pueda afianzarse en el tiempo, pero condicionó ese escenario a la aparición de señales claras de entusiasmo social, crecimiento sostenido y una reducción efectiva de las brechas entre el interior del país y los grandes centros urbanos.
Prat-Gay alertó, además, sobre el riesgo de un retroceso político y económico si el rumbo no se consolida. Sostuvo que evitar un regreso a esquemas del pasado es una responsabilidad primaria del propio Gobierno. Consultado sobre un eventual regreso a la actividad partidaria, dijo no tener una definición, aunque subrayó la necesidad de que los dirigentes “generen empatía” con la sociedad.
También se refirió a las denuncias que involucran al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Afirmó que la Argentina atraviesa una transición en la que “murieron prácticas viejas”, como el financiamiento de planes sociales sin respaldo presupuestario, pero señaló que aún “no está claro si nació lo nuevo”. Recordó que la administración actual llegó con la promesa de terminar con la “casta” y los privilegios, y sostuvo que Adorni quedó atrapado en aquello que decía venir a transformar.
Para Prat-Gay, la credibilidad del rumbo económico depende en buena medida de la conducta de quienes lo conducen. En ese sentido, reclamó que las figuras en posiciones clave sean “probas y absolutamente éticas” para poder guiar al país hacia una etapa distinta.


